Estatuas de carne y hueso

Apenas siete personas componen el cuerpo de modelos de la facultad de Bellas Artes de la Universidad de Salamanca

 
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Modelo de desnudos en la Facultad de Bellas Artes. <br />
Modelo de desnudos en la Facultad de Bellas Artes.
 Foto Ical
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SALAMANCA, ICAL Son tres mujeres y cuatro hombres enfrentados a sí mismos cada día. Ejercen una tarea tan poco conocida como necesaria para que el arte siga su cauce. Son modelos de Bellas Artes, estatuas de carne y hueso que, sin pudor, ponen sus cuerpos a disposición de pinceles ajenos en pleno proceso de aprendizaje a la vez que destierran los innumerables tópicos que los legos hacen circular sobre su trabajo.


La suya es una historia parecida a la de muchos otros funcionarios. Un buen día se enteraron de que la Universidad barruntaba una oposición y decidieron concurrir a ella sin imaginar quizá, que, pese a las buenas condiciones económicas, es de las menos solicitadas. «Muchos se apuntan cuando sale la oportunidad pero, en cuanto descubren que hay que desnudarse, se echan para atrás». Lo cuenta Jacinto Carretero. Llegó a la facultad de Bellas Artes hace ocho años y, como todo el que empieza, tardó cierto tiempo en vencer la rigidez, «nuestro principal enemigo».


A Jacinto las miradas de los alumnos no le intimidaron, pero tuvo que aprender a relajar su cuerpo para que la tensión dejase también de reflejarse sobre los lienzos y los blocs. «La clave esta en la naturalidad», explica mientras esboza una sonrisa al recordar que toda la vida quiso vivir de su cuerpo «pero nunca me hubiera imaginado hacerlo de esta manera».


La edad de los modelos salmantinos de Bellas Artes oscila entre los casi 40 y los 60 años. «Al artista no le gusta pintar niños o adolescentes, prefiere cuerpos formados, adultos que no sufran demasiadas evoluciones», revela Jacinto antes de hacer referencia a una excepción a esa regla. «Fue muy bonito tanto para nosotros como para los alumnos ver la evolución de una compañera embarazada que, pese a estar amparada por la ley, decidió seguir trabajando y compartiendo su estado de gestación hasta casi el final». Sin duda una mujer valiente porque su trabajo les obliga a pasar entre 15 y 20 horas semanales sobre el pedestal. En ocasiones la jornada diaria puede prolongarse hasta cinco horas con varios descansos de apenas 15 minutos. Otras veces su labor consiste en no parar de realizar diferentes escorzos durante media hora. Ocurre en la clase de Dibujo en movimiento de la que se encarga el profesor Lorenzo González. Para él, los modelos no son un elemento más de la asignatura son «el más importante porque sin ellos los chicos no podrían aprender».


Cuando corrige los trabajos de sus alumnos, Lorenzo prefiere estar acompañado por quienes se prestan a ser el objeto a retratar. Profesores, aprendices y modelos charlan sobre las impresiones que les causan las diferentes formas en que son vistos por un auditorio en el que veinteañeros y adultos comparten amor al arte. La desnudez no distrae a los alumnos acostumbrados a clavar su mirada en cuerpos hieráticos. Respetan, «a veces demasiado», cree Jacinto, a quienes exponen, desinhibidos, virtudes y defectos. Quizá sea porque, como Jacinto, también consideren un cuerpo desnudo como «lo más normal del mundo». «Así nacemos, así nos duchamos o así estamos con la novia», apostilla. «Estoy convencido de que si un día falta un modelo de forma imprevista, cualquiera de estos chicos posaría sin ningún inconveniente», añade el profesor González.


La suya es una historia parecida a la de muchos otros funcionarios. Un buen día se enteraron de que la Universidad barruntaba una oposición y decidieron concurrir a ella sin imaginar quizá, que, pese a las buenas condiciones económicas, es de las menos solicitadas. «Muchos se apuntan cuando sale la oportunidad pero, en cuanto descubren que hay que desnudarse, se echan para atrás». Lo cuenta Jacinto Carretero. Llegó a la facultad de Bellas Artes hace ocho años y, como todo el que empieza, tardó cierto tiempo en vencer la rigidez, «nuestro principal enemigo».


A Jacinto las miradas de los alumnos no le intimidaron, pero tuvo que aprender a relajar su cuerpo para que la tensión dejase también de reflejarse sobre los lienzos y los blocs. «La clave esta en la naturalidad», explica mientras esboza una sonrisa al recordar que toda la vida quiso vivir de su cuerpo «pero nunca me hubiera imaginado hacerlo de esta manera».


La edad de los modelos salmantinos de Bellas Artes oscila entre los casi 40 y los 60 años. «Al artista no le gusta pintar niños o adolescentes, prefiere cuerpos formados, adultos que no sufran demasiadas evoluciones», revela Jacinto antes de hacer referencia a una excepción a esa regla. «Fue muy bonito tanto para nosotros como para los alumnos ver la evolución de una compañera embarazada que, pese a estar amparada por la ley, decidió seguir trabajando y compartiendo su estado de gestación hasta casi el final». Sin duda una mujer valiente porque su trabajo les obliga a pasar entre 15 y 20 horas semanales sobre el pedestal. En ocasiones la jornada diaria puede prolongarse hasta cinco horas con varios descansos de apenas 15 minutos. Otras veces su labor consiste en no parar de realizar diferentes escorzos durante media hora. Ocurre en la clase de Dibujo en movimiento de la que se encarga el profesor Lorenzo González. Para él, los modelos no son un elemento más de la asignatura son «el más importante porque sin ellos los chicos no podrían aprender».


Cuando corrige los trabajos de sus alumnos, Lorenzo prefiere estar acompañado por quienes se prestan a ser el objeto a retratar. Profesores, aprendices y modelos charlan sobre las impresiones que les causan las diferentes formas en que son vistos por un auditorio en el que veinteañeros y adultos comparten amor al arte. La desnudez no distrae a los alumnos acostumbrados a clavar su mirada en cuerpos hieráticos. Respetan, «a veces demasiado», cree Jacinto, a quienes exponen, desinhibidos, virtudes y defectos. Quizá sea porque, como Jacinto, también consideren un cuerpo desnudo como «lo más normal del mundo». «Así nacemos, así nos duchamos o así estamos con la novia», apostilla. «Estoy convencido de que si un día falta un modelo de forma imprevista, cualquiera de estos chicos posaría sin ningún inconveniente», añade el profesor González.


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