La Academia del cine le otorgó en 2004 el Goya de honor a toda su trayectoria, la Comunidad de Madrid le concedió el pasado mes de octubre su máximo galardón, pero no pudo recogerlo. Ahora Madrid tendrá un centro educativo con su nombre, según anunció ayer la presidenta de la comunidad, Esperanza Aguirre. Esta semana las televisiones le rendirán homenajes proyectando parte de su ingente filmografía y el mundo del cine, la cultura y la política le despedirán con honores.
Todo para un niño pobre que nació en el centro de la capital, frente al cine Doré, en una familia desestructurada. Un niño del Madrid de los años 20 que quería ser artista y que, como él mismo aseguraba, vió como su destino quedaba marcado por las películas de Buster Keaton.
José Luis López Vázquez hizo reír o sufrir de angustia a varias generaciones de españoles. Porque trabajó durante 67 años.
El destartalado cine Doré es metáfora de lo que vivió «el señorito», como le llamaba con esa voz tan suya Gracita Morales. En 1992 José Luis López Vázquez asistió a la inauguración del Festival de Cine de Gijón, era la edición número 30 de un certamen que este año se inaugura el próximo día 19. Ya de aquella López Vázquez se mostraba muy crítico con la situación del cine español, el de entonces que bien podría ser el de ahora. «El cine español sufre un trato desigual e ignominioso con respecto al americano. Los de aquí no somos más que un grupo de francotiradores», declaró a LA NUEVA ESPAÑA, del mismo grupo editorial LA OPINIÓN-EL CORREO DE ZAMORA. En la información que publicó este periódico hace 17 años ya se hablaba de la polémica de las subvenciones. Decía el actor: «Hay que subvencionar pero no con dinero, sino con ayuda real. Hay que aumentar cotas de pantalla, apoyar nuevos sistemas y temáticas».