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MARÍA IGLESIAS, GIJÓN Dan Brow aprendió a «escanciar sidra» y a cantar el «Asturias Patria Querida» en Gijón. El novelista más leído del mundo, cuyo último libro «El símbolo perdido», llega hoy a las librerías de toda España, vivió, durante un año, en la ciudad natal de Jovellanos. Al menos, así se lo hizo saber al periodista corresponsal de Antena 3 en Nueva York, José Ángel Abad, durante una entrevista en la casa que el escritor tiene en Exeter, localidad de New Hamspire (unos 500 kilómetros al norte de Nueva York).
En un correcto español, fruto de su paso por Gijón y Sevilla, el autor de «El Código da Vinci» mostró su sorpresa por «lo pequeño que es el mundo», tras saber que su entrevistador era gijonés, tal y como describe Abad. Según contó Brown, su viaje a Gijón fue el primero que hizo al extranjero: «fue mi primera experiencia fuera de los Estados Unidos, muy impactante, para mí era como de otro planeta, totalmente diferente a mi pequeño mundo aquí en Exeter», confesó el americano.
Brown llegó a Gijón a estudiar «tercero de BUP o COU» (no sabe precisarlo con exactitud), en el año 1979 ó 1980, a un instituto gijonés cuyo nombre no recuerda. Durante ese año, asegura, vivió en un piso. «Los españoles tienen esa habilidad para vivir la vida con placer y alegría y eso me encantó», recuerda el escritor. Y para dar fe de ello, Brown se atrevió incluso a entonar el «Asturias Patria Querida», recuerdos de su paso por la ciudad asturiana.
Aunque su estancia en Gijón dio para mucho más que para unos cánticos, incluso llegó a cambiar el carácter del americano. «Cuando llegué no bebía alcohol, luego descubrí el mundo del pedo», cuenta el de New Hanspire, que conoce, al dedillo, todas las discotecas de la época. Asiduo a las salas de fiesta «Oasis», el «Jardín» y el «Tik», el novelista confiesa que la tercera era su favorita «la gente que iba al Tik era más moderna», dice.
En cualquier caso, Dan Brown no era demasiado bailón; «nunca tuve mucho ritmo», confiesa.
Entre su colección de recuerdos de España, también se encuentra la forma de ser de los asturianos. «Me llamó la atención esa cosa de dejar un poco el trabajo para mañana y que por la noche saliera todo el mundo, incluso los adultos, que hasta iban a las discotecas, allí mis colegas enseguida me descubrieron los cubalibres, y me puse muy enfermo, desde entonces no puedo probar el ron; pero nunca me ahogué en el alcohol», reconoce el escritor.
Mientas que para la fiesta prefería la discotecas y el ron, para los paseos se queda con el muelle. «Me encantaba pasear por el muelle, era mi lugar favorito de la ciudad», asegura Brown, que también conoció el amor en las calles de Gijón.
Según relata el americano, se trataba de una chica morena, de ojos azules, que se llamaba María y que le dio calabazas. «De no ser así probablemente me hubiera quedado», bromea.
A pesar del año que Dan Brown asegura haber pasado en la ciudad de Gijón, su nombre no figura en los archivos de ningún instituto, ni colegio de la época; aunque, según afirman los docentes, «los alumnos extranjeros que sólo pasan un año en el centro no quedan registrados, ni se les abre ningún expediente académico».
Una vez concluida la entrevista con Antena 3, el periodista José Ángel Abad invitó al escritor a viajar de nuevo con él a Asturias para «reencontrarse con la sidra y con María», «lo primero le hizo ilusión», bromea el corresponsal en su página web de Antena 3.
Así que quizá un día, Dan Brown acepte esa invitación y vuelva a pasear por las calles de Gijón.
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