AGENCIAS / CH. N.
De la vara de avellano a la expulsión de tres días a casa, Francia acaba de encontrar una tercera vía para encauzar a sus alumnos. Tres institutos profesionales (similar a la Formación Profesional en España) de Creteil, en las afueras de París, empezarán a pagar dinero a los alumnos que no falten a clase. En realidad las primas no las cobrarán directamente los estudiantes, y sí las aulas a las que pertenezcan, pero la idea de incentivar la asistencia a golpe de talonario ya ha provocado la polémica en todo el país.
Cada año, entre 120.000 y 150.000 jóvenes franceses dejan los estudios sin título alguno ni edad para escolarizarse obligatoriamente. Ante el fracaso de otros planes especiales y en vista del aumento de la conflictividad en los institutos, el rector de los órganos de enseñanza en Créteil, Jean-Michel Blanquer, ha ideado este sistema de primas. Blanquer defiende que no se trata de una fórmula que aliente el «consumismo», sino todo lo contrario: «es una experiencia colectiva y responsibilizadora, es la presencia de todos lo que contribuye al éxito de todos», escribió en las páginas de «Le Parisien», el periódico que adelantó este fin de semana la noticia.
Efectivamente, el sistema de primas de Créteil, que por ahora sólo se empleará en dos aulas por cada uno de los tres institutos que van a desarrollar el plan, plantea la posibilidad de que las clases inicien el curso con 2.000 euros y vayan aumentándolos hasta llegar a 10.000 antes del verano. Estas cantidades serán para toda la clase y sólo se podrán invertir en viajes de estudios u otros proyectos educativos similares (aunque valdría también pagarse el carné de conducir). La forma de aumentar el bote pasa por el cumplimiento del «contrato» establecido entre alumnos y profesores. Según explica el rector de Créteil, las clases podrán ir recibiendo más primas si dentro del aula se cumplen los valores máximos de «los indicadores de asistencia a clase, resultados escolares, disciplina y orientación».
La medida ya ha sido rechazada por las asociaciones de padres de alumnos («comprar la presencia de los alumnos con recompensas no tiene que ver con el respeto», declaró el secretario general de la Federación de Padres de Alumnos) e incluso la ministra de Enseñanza, Valerie Precresse, ha mostrado sus dudas ante este «experimento».
Desde el Partido Socialista, Jean-Paul Huchon estimó que «lejos de responsabilizar a los alumnos, la implantación de esta medida alimentará un sentimiento de injusticia con un riesgo de incremento de la violencia en estos centros». Por parte del partido centrista MoDem, el antiguo ministro francés de Educación Nacional, François Bayrou, tildó la propuesta de «inaceptable» y destacó que representa «una increíble pérdida de los valores tradicionales, que empeorará todavía un poco más los referentes de los jóvenes».
Asimismo, tres sindicatos franceses de enseñanza denunciaron la implantación de la iniciativa y añadieron que es «contraria a los valores de la escuela republicana».
Una experiencia similar a la que se inicia ahora en Francia la puso en marcha Reino Unido hace más de un año a través de un plan dirigido a los alumnos de entre 16 y 18 años con padres con ingresos por debajo de los 33.000 euros anuales.
En Reino Unido, y en Escocia y Gales, estas primas contra el absentismo escolar, que afectan a unos 200.000 alumnos, son directas y de mayor cuantía. Los adolescentes reciben 11, 22 o 33 euros a la semana en función de su asistencia y su resultado, y existen primas anuales de 200 libras (unos 220 euros) para aquellos que, como en Francia, cumplan unos objetivos específicos pactados entre el profesor y el alumno. A los más aplicados les regalan también teléfonos móviles u ordenadores.