ÁNGEL MACÍAS.
Cuando Zapatero se presentó como candidato a liderar el PSOE frente al entonces favorito José Bono, le pregunté a un socialista zamorano con cargo de ámbito regional en el partido —cuyo nombre omito por razones obvias— quién y cómo era ese diputado de León al que hasta entonces nadie conocía. Su respuesta, elocuente y sorprendente fue: «es como Stalin». Como para olvidar una respuesta así y más cuando poco después conseguía darle la vuelta a la tortilla y era nombrado secretario general del PSOE. Mi interlocutor se refería en aquella distendida conversación en la Plaza Mayor, a la frialdad y mano férrea de que siempre había hecho gala a la hora de controlar el partido en León para él poder seguir cómodamente en su escaño de Madrid.
En los últimos días, varios medios de comunicación, entre ellos de manera destacada el que siempre ha sido la hoja de ruta, el guía ideológico del socialismo patrio y ahora despechado, «El País», venían recogiendo supuestas extendidas aunque anónimas discrepancias en el seno del PSOE respecto de la estrategia política adoptada por el Gobierno para combatir la crisis y de la vida interna del partido. «Zapatero ya no escucha a nadie», «ha acabado con el debate interno que siempre existió», se ha llegado a decir del otrora paladín del talante, el diálogo y el buen rollito. Bambi no era Bambi, ya lo dijo Guerra.
Una vez más se demuestra que en política, cuanto más mediocre es un político, más sectaria y miserable es su actuación con sus propias filas. ¿Alguien necesita más ejemplos? Rodearse de burócratas que sólo a la sombra del líder pueden florecer y laminar al discrepante es ejemplo bastante común en esta que el filósofo Gustavo Bueno denomina «democracia realmente existente».
Negar la crisis hasta varios meses después de que muchos españoles notaran sus efectos no sólo fue un comportamiento de mala fe sino también un error. Avanzar por ella zozobrando al borde del naufragio, una irresponsabilidad. Obcecarse en convencer de que lo peor ya ha pasado, sin tener la menor idea de cuándo tocaremos fondo y todos nos dicen que cuando eso ocurra vamos a quedar allí encallados para una buena temporada, una desvergüenza, si no una traición.
Como empezaban a pintar bastos y la manada podía desmandarse, el sábado se reunió el sanedrín socialista. Tras ello, algunos asistentes han necesitado asistencia médica. Siete horas de democracia interna levantando y bajando la cabeza en movimiento armónico «lo que tú digas líder» es fatal para las cervicales. Competir para ver quién golpea más fuerte la mesa poniendo música a la proclama crítica «lo hemos hecho bien pero no lo hemos sabido comunicar», no hay nudillo que pueda soportarlo.