J. C. GEA,
Gijón
Si las relaciones diplomáticas entre España y Rusia han entrado o no en una nueva fase, como anunciaban ayer las fuentes oficiales, se verá con el tiempo. Por el momento, lo único seguro es que el presidente ruso, Dmitri Medvédev, abandonó ayer la Conferencia «Estado y seguridad global», que se celebra en la ciudad rusa de Yaroslavl, con dos productos hechos en España que quizá pongan su granito de arena en esa nueva era de entendimiento: un jamón ibérico y una fotografía firmada por Germán Gómez, artista de raíces españolas, con los que José Luis Rodríguez Zapatero, le obsequió ayer por su cuadragésimo cuarto cumpleaños.
El jamón ibérico seguramente confirmará a Medvédev que no había razones para aquel veto al porcino español que Rusia esgrimió en los primeros pánicos de la gripe A; la fotografía, le dejará claro el inquietante y rotundo talento de Gómez, artista afincado en Madrid pero nacido en 1972 en Gijón. La obra que Zapatero ha regalado al Presidente ruso es la primera fotografía de «Condenados», una serie de nueve sobrecogedoras imágenes impresas sobre papel e hilo que obtuvieron el premio Revelación en la edición de Photoespaña de 2008. En ellas, Germán Gómez realiza una relectura de una parte de la Capilla Sixtina —la de los condenados al Infierno, justamente— acercándolo a su tema predilecto —la identidad— desde una máxima que comentaba hace un par de años, con ocasión de su participación en la Bienal de Alejandría: «Forjar una identidad es algo que deja costuras, cicatrices».
Al igual que en las series que llevó al certamen egipcio y en otras de sus obras, Gómez se apoya para desarrollar su visión agónica del ser humano contemporáneo en retratos de personas cercanas, cuyos rasgos y cuerpos ha fragmentado y recombinado cuidadosamente, creando nuevos seres al tiempo reales y ficticios a partir de seres familiares. A partir de ahí, el artista aplica a los gestos y los cuerpos los mismos violentos escorzos, tensiones y torsiones con los Miguel Ángel mostró el atroz padecimiento a aquellos de sus personajes a los que condenó eternamente en la base de su monumental fresco.
Lo que no queda claro es, a la vista del contenido de la fotografía, si tras ella se esconde algún «recado» al presidente Medvédev tan obvio como el que oculta el jamón ibérico, o si se trata, sin más, de compartir buen arte español.