JAVIER CUERVO
En plena caída de los ingresos y de mantenimiento de los beneficios pagan la diferencia los que van a la calle. No es novedad. Las grandes tiendas camuflan en bolsas opacas las compras de sus grandes clientes y los ejecutivos de la City londinense renuncian a la corbata pero los directivos de las principales empresas cotizadas siguen subiéndose las remuneraciones porque pueden, porque se las ponen ellos. Mejor ese descaro. Sin desfachatez tampoco llegas a esos puestos.
Sigue habiendo dinero para todo, por eso una marca de champú puede pagar 4.200 euros por segundo grabado a Catherine Zeta-Jones para que dé a entender que tiene ese pelazo gracias a un jabón y así millones de personas se fijen en la marca o se crean que hay una relación causa-efecto entre un detergente perfumado y una melena concreta y no una relación causa efecto entre esa melena conocida y los 4.200 euros por segundo de su plasmación en imágenes.
Hay dinero para todo. El ex primer ministro británico Tony Blair es el orador mejor pagado del mundo. Recientemente cobró 452.000 euros por dos discursos de media hora cada uno. Fortunas por oírle hablar: no ha podido evitarle la crisis a su país (que le ha dejado en herencia a su mejor enemigo) nadie le pide que su discurso contenga la solución ni siquiera que lo que diga sea verdad. Se paga esa suma para que un tipo como Blair hable para una institución y unos tipos como los de ese organismo le puedan oír en directo como si fuera el mejor tenor del mundo.
Hay tanto negocio para todo y tanto dinero para sustentarlo que la modelo Kate Moss ha sacado un libro de cocina. A lo mejor es una experta culinaria privada pero al leer la noticia entendí que era un libro sobre "cocaína", el clásico error de lectura que mejora el texto pero sustentando en que se espera de alguien que escriba sobre lo que sabe. ¿Alguien en el mundo quiere de Kate Moss que le enseñe a cocinar? ¿De verdad Kate Moss tiene algo que enseñar de cocina? ¿Hay algún motivo para pagarle por eso? Pues sí, porque hay negocio para todo aunque no haya dinero para todos y a nuestro sistema le gusta que así sea.