MARISOL LÓPEZ
En la facultad de periodismo nos enseñan que las noticias envejecen. Se supone que a los lectores, a los oyentes, a los televidentes, les aburre que les contemos siempre las mismas historias. Por eso pierden vigencia, aunque las guerras sigan sumando muertos, o los niños sigan siendo víctimas de la hambruna en países cuyos nombres jamás figuran entre los cada vez más escasos contenidos de lo que ahora se ha dado en llamar Conocimiento del Medio y mucho menos entre las conciencias de un mundo que sólo les mira cuando suman un número relevante de cadáveres al atravesar en patera el camino incierto a este paraíso en crisis. A fuerza de repetirse, dejan de ser noticia. Las dos últimas muertes por violencia de género hubieran abierto los informativos quizá un año antes. Ahora ya han sido desplazadas por la economía, las elecciones europeas y la Liga de Fútbol. Oí a la consejera de Bienestar Social de Canarias preguntarse si tal vez la difusión de este tipo de noticias producía un efecto similar a lo que ocurre con los suicidios. Como estadísticamente parece comprobado que su publicación fomenta la tendencia de otros suicidas en potencia, se opta por obviarlos o disimularlos con eufemismos. Puede que la consejera tenga razón, pero no es menos cierto que todas las medidas, con Ley contra la Violencia de Género, incluida, que se adoptaron por parte del Gobierno han resultado escasamente eficaces y que en apenas seis meses ya se suman otras 19 muertas, todas mujeres. En la última crisis de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, renovó credibilidad a Bibiana Aído y su Ministerio de Igualdad. Que alguien me diga el presupuesto de organismo de cuya utilidad práctica dudo personalmente. ¿No sería más efectivo trabajar por la igualdad en cada uno de los ministerios, desde el de Educación hasta el de Industria? ¿Acaso no es reconocer de facto la existencia de una discriminación tener que contar con instituciones específicas cuyo contenido no está demasiado claro, aparte de las desconcertantes aportaciones a un futurible Diccionario de la Lengua? En España hay dictadas 153.000 órdenes de alejamiento como medidas preventivas en presuntos casos de malos tratos. Los jueces dictan conforme a las leyes, pero en la práctica, la Policía, como han denunciado otras veces los funcionarios de Zamora, carece de medios suficientes. Tal vez sería más igualitario que el dinero ministerial se dedicara a cosas tan concretas como reforzar las unidades dedicadas a la atención de las víctimas o a programas de prevención y reeducación tanto de agresores como de agredidas para llegar a ese pretendido fin que con tanto ahínco defiende la ministra Aído. Mientras el Ejecutivo se lo piensa, seguro que la lista se habrá ampliado, aunque las víctimas ocupen cada vez menos minutos en el telediario. Como cuando uno barre y esconde el barro debajo de la alfombra.