AGENCIAS.
Pamplona inauguró ayer los Sanfermines con el tradicional chupinazo, que este año lanzó Uxue Barkos, concejal de Nafarroa Bai en el Ayuntamiento de la capital navarra. «Pamplonesas, pamploneses, ¡viva San Fermín! Iruindarrak, ¡gora San Fermín!». Con estas palabras y el encendido de la mecha del cohete comenzaron a las doce del mediodía unas fiestas que Barkos no dudó en calificar como «las mejores del mundo mundial».
Desgraciadamente, el arranque festivo estuvo teñido de luto por el fallecimiento de un joven, un extranjero sin documentación, que a última hora de la mañana se precipitó desde la zona superior de la Muralla del Redín, cayendo a la altura del Portal de Francia, según informó el Consistorio en un comunicado.
Tampoco estuvo exento de polémica el acto inaugural de la semana festiva, ya que la edil de la suspendida ANV Mariné Pueyo trató de sacar al balcón del Ayuntamiento una ikurriña. La intervención de la Policía Municipal resolvió el incidente, aunque desde ANV se denunció que los concejales sufrieron «un ataque físico» por parte de «varios agentes» locales. Con todo, una temperatura fresca, el cielo con nubes y claros y un sesenta por ciento de probabilidades de lluvia no impidieron que miles de personas, locales y visitantes, se dieran cita en la plaza consistorial y sus aledaños para empezar la juerga con fuerza. Con tanta fuerza que la Cruz Roja tuvo que atender a 89 personas en los primeros compases de la fiesta, cinco menos, eso sí, que en 2007. De ellos, 70 presentaban cortes con vidrio, ocho sufrían traumatismos, una era víctima de quemaduras y otras seis habían padecido percances varios. Cinco personas más tuvieron de ser trasladadas a un centro de urgencia.
El chupinazo, al que desde hoy seguirán los apasionantes y peligrosos encierros matinales, es sin duda uno de los principales actos de los Sanfermines, seguido en directo por millones de personas a través de varias cadenas de televisión, incluido un canal internacional, además de las pantallas gigantes instaladas en distintos puntos del centro de Pamplona.
Consumado el rito iniciático de la pólvora, el centro de Pamplona se convirtió en un mar de pañuelos rojos y en un gigantesco surtidor de vino y otras bebidas, cava en particular, con las que muchos de los presentes no dudaron en regarse, aunque la temperatura no acompañaba. Otros, sin embargo, se quedaron con las ganas de emplearse a fondo en el lanzamiento de huevos: en los controles de acceso a la plaza quedaron confiscados para impedir desmanes. Pamplona se prepara para vivir hoy el día grande de sus fiestas, con el primer encierro como acto más destacado de la jornada que será protagonizado por seis toros de la ganadería de Conde de la Corte, de Jerez de los Caballeros (Badajoz).