BRAULIO LLAMERO
Si de verdad confía el PP en la abstención como arma fundamental para su eventual victoria, se le puede estar poniendo más que complicado. Ya veremos qué pasa hasta el domingo, cómo amanece, qué tal día hace: todo influye en que vaya más o menos gente a las urnas. Pero por el momento nada sugiere que los "tibios" de la izquierda -lo que el propio PSOE, de modo un tanto faltón, llama "la izquierda exquisita"- estén pensando en quedarse en casa. La campaña los ha "calentado". Se creía que el PP, bien amarrado el flanco derecho por donde además carece de competencia, centraría su campaña, virando hacia la moderación en busca de los que ni son de un lado ni de otro; intentando también no "despertar" a esa misma izquierda exigente -que no exquisita-, para la que el PSOE no es más que un mal menor e IU simplemente dejó de ser hace tiempo. Pero los cálculos fueron errados. De modo sorprendente, Rajoy ha planteado una campaña en idéntica onda que su bronca tarea de oposición de cuatro años. Es decir, para que lo jaleen los ya convencidos. Y como único anzuelo para el electorado que da las victorias, para los pocos capaces de cambiar de papeleta de unas elecciones a otras, se ha dedicado a intentar triturar al más directo adversario, para que no quede otra que votarlo a él. Una estrategia arriesgada y atrevida donde las haya.
Hombre, es verdad que hasta el domingo todo lo que pueda decirse no son más que impresiones e incluso humo. Pero a falta de nuevos sondeos, ya prohibidos por la ley, cunde la impresión de que la participación puede ser bastante más alta de lo esperado. Un indicio suele ser la petición de sobres para votar por correo. Y según datos oficiales, estos días se han batido marcas. Tanto en el país en su conjunto, como Castilla y León las peticiones de impresos han superado a las de otras elecciones en más de un treinta por ciento. Es un dato a considerar, creo yo. En cuanto al tiempo, no parece que las previsiones sean muy malas para el domingo. Hará bastante bueno, salvo en la franja del Norte, desde Galicia hasta Navarra. Y una tercera pista: obsérvese el estado de ánimo que traslucen los dirigentes nacionales del PSOE y del PP. No es el mismo, ni mucho menos. Y ellos sí que siguen disponiendo de sondeos sin parar y diarios hasta las mismas elecciones.
El interés, en fin, no está ya en los mítines ni en unas campañas virtualmente agotadas. Empieza a estar y centrarse en los electores y en su cercano momento de gloria. ¿Qué decidirá el Gran Elector colectivo? A algunos les empiezan a entrar los sudores.
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