15 de febrero de 2018
15.02.2018

Alegría reducida a cenizas

Los toresanos despiden las fiestas con el desfile del cortejo fúnebre por las calles de la ciudad hasta la Plaza Mayor, donde tuvo lugar la incineración de la sardina

16.02.2018 | 01:17
Alegría reducida a cenizas

En las despedidas siempre afloran la tristeza y la nostalgia. Ambos sentimientos se mezclaron ayer con la diversión durante el tradicional entierro de la sardina en el que los toresanos demostraron, una vez más, que saben extraer el lado positivo de cualquier acontecimiento. El entierro de la sardina sirvió para despedir los carnavales, tras seis días inolvidables en los que, ni la lluvia ni el intenso frío, han logrado empañar una de las fiestas más participativas de cuantas se celebran en la ciudad. Los toresanos despidieron ayer a Don Carnal y dieron la bienvenida a Doña Cuaresma entre lágrimas y sollozos que se solaparon con el ritmo de la música interpretada por la charanga "Los trotamúsicos" durante el desfile.

Bajo la experta dirección del grupo "Rurro Teatro" la parodia que representa el cortejo fúnebre partió de la plaza de San Francisco para completar el recorrido habitual, durante el que los participantes y numerosos vecinos hicieron las obligadas paradas para recuperar energía con los alimentos y bebidas que ofrecieron las murgas carnavaleras. Además de las típicas plañideras que, con cierta exageración, mostraron su tristeza por despedir a Don Carnal, del cortejo fúnebre también formaron parte elegantes caballeros vestidos con capa y sombrero, ambas prendas de color negro para simbolizar el luto, y una pequeña sardina que fue portada a hombros por cuatro jóvenes. Tampoco faltó a la cita con la despedida a Don Carnal el falso obispo que, desde una carroza en la que también viajaba una vistosa y colorida sardina de mayor tamaño, se dedicó a impartir las típicas bendiciones entre el público que se congregó a lo largo del recorrido.

El animado desfile concluyó en la Plaza Mayor donde esperaban numerosas personas para disfrutar del último destello carnavalero y de la tradicional quema de las dos sardinas que fueron colocadas sobre un soporte de madera en la Glorieta para ser incineradas. Con la mirada perdida y el semblante serio propio de las despedidas, los toresanos recordaron durante la quema de la sardina los intensos momentos compartidos con familiares y amigos en los preparativos y durante las fiestas de carnaval. Tras la incineración, los toresanos fueron consolados con una sardinada popular, en la que se repartieron alrededor de 50 kilos, que fue maridada con vino de la bodega Covitoro y en la que también colaboraron varios establecimientos hosteleros de la Plaza Mayor.

El entierro de la sardina sirvió para clausurar unas fiestas en las que los toresanos y visitantes han podido disfrutar de vistosos e ingeniosos desfiles de disfraces, concursos o las tradicionales bodas de carnaval. A pesar de la tristeza que supone despedir unas fiestas tan entrañables y participativas, los amantes del carnaval tienen un año por delante para recopilar ideas originales, adquirir las telas con las que confeccionar sus disfraces, componer las coplas o ensayar las parodias, con el único objetivo de volver a sorprender a los toresanos y visitantes durante los antruejos del próximo año.

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