28 de enero de 2018
28.01.2018

Una catástrofe que deja huella

María Jesús Otero presenta su libro "Tráeme una estrella" sobre la tragedia de Ribadelago

30.01.2018 | 00:38
María Jesús Otero interviene durante la presentación.

No han sido pocas las veces que se ha escrito sobre la catástrofe de Ribadelago. Conocemos muchos detalles de lo que ocurrió aquella aciaga noche del 9 de enero de 1959. Muchos son los artículos, libros y ensayos sobre la irresponsabilidad y la impudicia de las autoridades franquistas para con las vidas de los habitantes del pequeño pueblo sanabrés. No obstante, nunca se había escrito desde la mirada de la víctima, del desamparado, del olvidado y desatendido. El viernes, María Jesús Otero se acercó hasta la Casa de Cultura de Toro para presentar el libro "Traeme una estrella" sobre la tragedia de Ribadelago, evento organizado por la Asociación ProCulto.

La presentación de la autora y su obra corrió a cargo del arquitecto zamorano Francisco Somoza, quien comenzó el acto con un breve exordio sobre el libro de Otero. "María Jesús no es solo una superviviente de la tragedia, sino también de la vida", afirmó Somoza. El arquitecto, encargado de la elaboración de la portada de esta obra, definió la historia que aborda este trabajo como "un descubrimiento de la autora y de cada uno de los habitantes que sufrieron el desamparo y la desmemoria de las administraciones".

María Jesús Otero inició su intervención con la lectura de un breve pasaje del libro en el que se compendia de forma terriblemente sincera los desperfectos que plagaban la construcción de la presa y cómo se pretendió repararlos con remaches chapuceros. Parches ineficaces y negligentes que no pudieron contener los 8 millones de metros cúbicos de agua que se precipitaron sobre la población de Ribadelago, llevándose la vida de 144 personas.

El homenaje a las víctimas, la importancia de la memoria y el análisis del progreso fueron los tres conceptos en los que se sustentó la intervención de Otero. La superviviente del horror de Ribadelago quiso dejar claro desde un primer momento que la tragedia es parte fundamental en la obra, pero que el libro supera la barrera del desastre para ahondar en aspectos mucho más universales que empatizan con cualquier lector. A través de Patoxa, la protagonista de la obra, Otero descubre un relato alejado del costumbrismo, donde los sueños y los sentimientos se abren paso con el transcurrir de las páginas.

Sin duda, la memoria, o mejor dicho, la negativa vehemente y clara a caer en la desmemoria sobrevuela toda la obra. Otero alude a la memoria de los fallecidos en la catástrofe, a la responsabilidad de las administraciones en la construcción de la presa, al recuerdo de los muertos años después a consecuencia de la silicosis y a las madres que se dejaron ir devastadas por la pena. Este punto estuvo acompañado por las apreciaciones de Francisco Somoza, que recalco que lo ocurrido ahora hace 59 años no fue un accidente, sino una neglicencia y un desprecio a todo un pueblo, una sociedad, una forma de vida y unos seres humanos.

Otero, en su afán de conocer todas las circunstancias que desembocaron en la desaparición de Ribadelago, aborda los años pretéritos y posteriores a la tragedia que le llevan a hablar de otra catástrofe que asolaba aquellos territorios: la pobreza más cruenta. "De Ribadelago solo se acordaban para reclutar soldados y recaudar impuestos". El arquitecto Zamorano aludió a los "casos extremos" que se encontraron las misiones pedagógicas de la II República cuando acudieron a los municipios de la comarca de Sanabria. A pesar de los muchos golpes sufridos por los habitantes de la población (miseria, analfabetismo, abandono de las administraciones?), Otero reivindica la cultura de aquellas tierras y la "profunda sensibilidad a la belleza" fruto del constante contacto con la naturaleza.

"Tráeme una estrella" pretende homenajear a los mayores, a las personas humildes, denunciar a los responsables y realizar una oda a la naturaleza, sepultada bajo las aguas de la irresponsabilidad. Las páginas de este libro hablan de Ribadelago, de sus víctimas y de sus verdugos; pero también coloca en primer lugar a los más débiles, a los nadie. A aquellos a los que el progreso aplasta cuando la palabra se disocia del respeto a la vida humana.

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