Saga carnavalera

La familia de Pedro Motrel vive la gran fiesta de antruejo con especial fervor y dedicación a una tradición transmitida de generación en generación

07.02.2016 | 01:51
Recreando la épòca de Astérix en una de las ediciones del carnaval.

El carnaval es una festividad que los toresanos tienen marcada en rojo en el calendario. Un festejo que destaca por la pasión que pone los ciudadanos en el mismo y que lo convertido en uno de los grandes atractivos con los que cuenta Toro a lo largo del año.

Un fervor carnavalesco que se siente en muchos núcleos familiares de la ciudad como es el caso de Pedro Motrel Ruiz. Un toresano que junto a su familia vive una fiesta que para él "supone muchísimo. Es un evento que me apasiona y en el que recuerdo llevar participando desde los cinco años".

Esta festividad se vive con una enorme alegría en casa de los Motrel cuya pasión se ha ido transmitiendo de generación en generación, ya que "yo se la he transmitido a mis hijos al igual que hizo mi padre conmigo. Mi progenitor ejercía el liderazgo familiar en esta festividad que ahora de alguna forma representó y que posteriormente espero que ejercen mis descendientes"

El carnaval de Toro ha cambiado mucho en los últimos años ya que como afirma Motrel "cuando era niño, a finales de los setenta, no había un desfile como el que se hace ahora sino que la gente salía disfrazada por las calles del pueblo. Antes te vestías con lo que tenías por casa y ahora estos disfraces son más ordenados y requieren una mayor preparación".

Otras de las variaciones que se han producido con el paso del tiempo es la realización de parodias que se celebran desde hace más de una década. Un espectáculo que ha relevado a la actuación de las murgas que, dado el reducido número de las mismas en la actualidad, han ido dando paso a estas representaciones humorísticas.

Preparación

Esta organización del carnaval derivó en la creación de grupos de familiares y amigos en los que como asegura Pedro Motrel "nosotros hemos llegado a salir hasta setenta personas en nuestra juventud. Ahora salimos con nuestros hijos y contamos con un grupo formado por 18 niños y 18 adultos".

Una fiesta que precisa de mucho tiempo de preparación cómo valora este toresano. "Hay años que para la elaboración de los disfraces, creaciones y ensayos dedicamos más de mes y medio. Además, desde que acaba el carnaval ya comenzamos a valorar ideas para desarrollar en la siguiente edición como, por ejemplo, un año donde en un viaje a Portugal elegimos disfrazarnos de músicos tras ver unos "souvenirs" en una tienda".

Recuerdos

Dichas creaciones van con el paso del tiempo generando nostalgia en los participantes como asevera Motrel al recordar "ediciones en las que nos disfrazamos de romanos, de indios, de los Reyes Católicos o, cuando yo era niño, de leprosos. Guardo muy vivo el recuerdo de un tiovivo, de un acuario o de un helicóptero de rescate de Playmobil que hice con mis hijos".

La evocación de los carnavales esta plagada de anécdotas como la ocurría a esta familia un año que, como explica Pedro Motrel, "elaboramos un número que precisaba de la utilización de un cañón destinado a espantapájaros que se dejó encendido por un despiste y cuando estábamos en casa oímos el estallido que generó un gran susto para nosotros".

El carnaval imprime un aroma a diversión, tradición familiar y armonía entre los ciudadanos que se percibe durante los días en que Toro celebra esta tradicional festividad.

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