Los niños, sobresaliente en alegría

Más de un centenar de escolares se citan en las inmediaciones de la Plaza Mayor para cantar villancicos y desear lo mejor a sus convecinos toresanos

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Los niños participantes en la iniciativa cantan villancicos alrededor de los tres músicos que realizan el acompañamiento con guitarras.
Los niños participantes en la iniciativa cantan villancicos alrededor de los tres músicos que realizan el acompañamiento con guitarras.   Foto L. G.

L. G. Villancicos, gorros de Papá Noel, pegatinas y mucha alegría. Eso fue lo que más de un centenar de niños aportaron a la mañana toresana en la Plaza Mayor durante la jornada de ayer. Acompañados por tres guitarristas, se fueron sucediendo la práctica totalidad de las canciones típicas de estas fechas que una persona puede conocer y los niños, con su especial ilusión, consiguieron congregar en torno a ellos a toda una legión de adultos que quisieron sumarse a la fiesta y recordar, todos juntos, la llegada de Jesús al mundo.

Organizados por las diferentes parroquias de la ciudad de Toro, los más pequeños recorrieron durante toda la mañana el tramo que separa el Arco del Reloj de Santa María de la Colegiata tratando de sumar adeptos a su celebración. Sus gorros navideños ya denotaban con qué tenía que ver la fiesta, pero, por si acaso, se guardaban un as en la manga. O, mejor dicho, en el pecho, que es donde fueron colocando las pegatinas con el lema «Jesús nace para todos» rodeado por una estrella. La de Oriente, se entiende. Mientras tanto, en la Plaza, desde el tradicional «fun fun fun» hasta el campanillero, pasando por «La Marimorena».

Todavía algún despistado se atrevía a preguntar por el foro la razón de semejante celebración. «Ha sido un año de cosas malas, pero la Navidad siempre es para estar feliz, contento y disfrutando con los amigos y la familia», le contestaba Pablo, uno de los más de cien niños congregados en torno a los músicos. Unas palabras que provocaban la réplica de su compañera Ana. «Queremos que todo el mundo se lo pase bien, porque la crisis está poniendo triste a mucha gente», comentaba la niña.

Entre tanto, otro grupo de unos doce pequeños ofrecían panderetas a todo aquel que se animara a marcarse un ritmo al son de las guitarras. Y, con más o menos maña, pudieron defenderlo.

No cabe duda de que ellos, los más pequeños, son definitivamente quienes tienen el corazón más grande.

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