M. C.
Toro es una ciudad que acoge mucho turismo cada año, pero parte de esos turistas también vienen a estudiar español. Ese estudio lo realizan en la Escuela de Español ToLingua, creada y dirigida por Mª Ángeles García Hernández y Thomas Simoncini. Este matrimonio abrió la Escuela en el año 2000, y ambos decidieron instalarla en esta ciudad porque es el lugar natal de Mª Ángeles García, quien siempre había tenido la idea de crear su propia escuela, dado que ha trabajado en este sector, tanto en Salamanca como en Suiza.
En cuanto al funcionamiento de la Escuela, Simoncini asegura que se nota la crisis, aunque en los años 2003 a 2005 funcionó muy bien, «pero en los últimos años se nota mucho que la gente no quiere gastar su dinero en este tipo de formación». El perfil de su alumno es un adulto que trabaja, y que dedica sus vacaciones, o parte de ellas, para venir a Toro, «con una mezcla entre aprender algo y disfrutar». Y es que la Escuela, además de ofrecer clases diarias de español, también realiza visitas a bodegas, viñedos, paisajes, monumentos, bares y restaurantes... en una combinación de cultura y lengua. García añade que ésta «es la única Escuela de la provincia de Zamora de estas características», puesto que, en la mayor parte de los casos, «los alumnos pueden elegir un curso a la carta». Respecto a los países de origen, principalmente proceden de Alemania, Suiza, Austria, Inglaterra y los países nórdicos, «aunque también viene algún francés y antes venían americanos».
Simoncini afirma que se observa interés en otros países por aprender español, que es un idioma que «crece», algo que le confirman agencias y profesores extranjeros. Además, considera que Toro es un lugar «ideal» para aprender español, porque aquí una persona siempre tiene que hablar español, «en otros sitios hay tantos extranjeros que se pueden utilizar otros idiomas. Por lo tanto, el alumno realiza una «inmersión total». No obstante, matiza que esto también conlleva algunas desventajas, como el hecho de que los jóvenes prefieran la costa. Sin embargo, García señala que «lo más difícil es traerlos a Toro, pero cuando están aquí les gusta mucho y es fácil convencerlos de que vuelvan».
Uno de los alumnos es Soren Fodge, de Dinamarca. Aunque es técnico en informática, también se dedica a la importación de vinos españoles para su país, por lo que en su decisión de estudiar español hubo una mezcla de gusto por el idioma y necesidad por el trabajo. A sus 45 años, lleva ya diez estudiando español, y ésta es la tercera vez que ha venido a Toro, ciudad que le gusta porque es «pequeña y muy tranquila»; además, afirma que le gusta mucho la gente «porque es abierta y me siento bien con ella». Y en cuanto al vino, reconoce que «me gusta mucho porque es especial, es muy fuerte y redondo», aunque «en Dinamarca se bebe poco».
Para la suiza Gisela Keller ésta ha sido su primera visita a la localidad. Tiene 46 años y empezó a estudiar español hace medio año «porque me gusta esta lengua». Reconoce que le gusta Toro porque «las personas son muy amables y la ciudad es muy bonita». En esta ocasión, ha venido con su profesora de español, también de Suiza, Monika Schär, quien se dedica a dar clases particulares, puesto que trabaja como higienista dental. Confiesa que «me entusiasma este idioma», y por eso lleva 16 de sus 58 años estudiándolo. Señala que comenzó su estudio influida por «la pasión de los españoles, y por los tópicos, como la playa, el sol, el flamenco...». Aunque conoce otros lugares de España, ésta es su tercera visita a Toro, donde «se habla un español mucho más claro que el que se habla en Andalucía, aunque yo ya me había acostumbrado a su habla, pero aquí se entiende mejor». Según su opinión, Toro es una ciudad «pequeña, pero con mucha historia», y matiza que lo que más le gusta son las casas antiguas, que «crean armonía en el casco viejo», y, aunque asegura que le gusta mucho la Colegiata, «me gusta más la vista hacia el Duero».
La alemana Andrea Nemitz, afirma que estudia español desde hace 23 años, puesto que ha venido a España muchas veces de vacaciones, «incluso he hecho el Camino de Santiago desde Pamplona». Necesita hablar español para desarrollar su trabajo, puesto que se dedica a analizar los créditos de empresas españolas que el Commerzbank, el banco en el que trabaja, les concede. Tiene 43 años, y ésta es la primera vez que ha visitado Toro, ciudad que «me gusta mucho, porque es muy antigua y con mucha historia»; además, asegura que la gente «es simpática, pero habla muy rápido, como todos los españoles». Y en cuanto al vino, señala que «es un vino tinto muy fuerte, pero me gusta mucho». Añade que considera «importante hablar con las familias con las que vivimos aquí, que se esfuerzan por ayudarnos».
También Claudia Schludi es de Alemania. Tiene 52 años y es farmacéutica, aunque hubo un momento en el que pensó estudiar medicina en la Universidad de Pamplona, lo que supuso uno de los motivos que le llevó a estudiar español. Tomó en serio su estudio en el año 2003, y reconoce que «me gusta mucho el idioma y la cultura española, y también me gusta el sol y la gente abierta y amable». Precisa que comunicarse con personas de otra cultura es «enriquecedor». Ya ha estado seis veces en Toro, y afirma que «me gusta mucho el ambiente que tengo en la familia con la que estoy, así como el ambiente de la ciudad, que favorece el turismo rural, cultural y enológico». De la ciudad destaca su zona peatonal, el cariño de la gente, el paisaje desde la Colegiata, la posibilidad de caminar por el Pinar o de hacer ciclismo, las posibilidades de ir a visitar otras ciudades cercanas, hacer excursiones, las tapas de los bares, la gastronomía de la ciudad y el vino de Toro». Y le gusta la Fiesta de la Vendimia y la Semana Santa, «éste año ha sido la primera vez que he visto las procesiones, es algo que no existe en Alemania».