M. BARRIO
La restauración de la última parte que queda por acometer en el retablo mayor de la iglesia de San Juan Bautista de Tagarabuena, el de mayor tamaño de la diócesis de Zamora, será el «reto» con el que el director de la Escuela Superior de Conservación y Restauración de Bienes Culturales de Madrid, Javier Peinado, se despedirá del centro el próximo curso, en que se jubila tras más de veinte años en el cargo.
Un honor, sin duda, para Toro y en especial para el municipio de Tagarabuena -adscrito administrativamente a Toro-, un «pequeño pueblo» que, sin embargo, cuenta con «una iglesia descomunal, casi una catedral con siete grandes retablos», como destacaba ayer el historiador José Navarro Talegón, presidente de la Fundación González Allende que financia los costes de las campañas de verano del centro madrileño en Toro, aunque no el trabajo de restauración, que es gratuito y tiene con fin posibilitar la realización de prácticas al alumnado. Esta circunstancia ha llamado desde «siempre» la atención de Javier Peinado, que ayer visitó Toro para comprobar el resultado de la campaña realizada este mes de julio, pero la explicación, como comentaba también ayer Navarro, hay que buscarla en los considerables diezmos que Tagarabuena pagaba a la Iglesia, dado que era un municipio con una gran producción de cereales y leguminosas; «como solo había una iglesia -en Toro había entonces 37 parroquias-», apostilla el historiador, ésta era el destino de los dos novenos procedentes del reparto de la cilla decimal que se destinaban al mantenimiento de los templos.
Volviendo al retablo mayor de esta parroquia, barroco, la otra parte es la que está siendo acometida durante es te mes de julio por la treintena de alumnos que han participado en la campaña, muchos de ellos titulados ya y, por tanto, «profesionales», como destacaba Navarro, que solicitan con verdadero interés poder formar parte de la misma. No cabe duda de que en ello tiene mucho que ver el buen trato y el reconocimiento de su trabajo que reciben por parte de la Fundación. Los restauradores, que ultiman en estos días los detalles de su labor, han devuelto el esplendor a las diez esculturas del retablo en las que han venido trabajando -cinco de tamaño grande correspondientes a los cuerpos primeros y segundo y otras cinco pequeñas pertenecientes al tabernáculo-, así como una más que respetable dignidad a otras tallas vilipendiadas, como es el caso del santo Domingo de Villavendimio reconvertido antaño por la feligresía en al patrón del pueblo, san Atilano.
Las tallas taburonas serán expuestas durante quince o veinte días de agosto seguramente en la capilla de la Majestad de la Colegiata, a fin de que los toresanos y visitantes puedan «comprobar» un año más el «espectacular» resultado obtenido con la restauración. «Mientras retiramos los andamiajes utilizados en la campaña y los volvemos a colocar en la iglesia de Tagarabuena para ubicar las esculturas en el retablo, posibilitamos que la gente pueda verlas, porque nosotros nos podemos malgastar los pocos recursos económicos que tiene la Fundación, entre otras cosas porque no recibimos dinero de nadie y menos de la Administración pública, que si puede nos lo quita», señalaba ayer Navarro Talegón en este sentido. Las figuras, dice, serán mostradas «sobre unas peanas de una manera modesta, para que todo el mundo pueda ver lo que , aunque con pocos recursos, se puede hacer con muchas dedicación y buena cabeza».
Entre otras cosas, se podrá observar la «gran habilidad» que tuvo el policromador Domingo Nieto, un pintor «de bastante prestigio», activo en el tercer cuarto del siglo XVII en Salamanca, que hizo en las esculturas aportes de la gran escuela pictórica madrileña del XVII, «dejándose seducir sobre todo por el movimiento que los madrileños imponen a las figuraciones y por el color». Las policromías son «notabilísimas», dice Navarro, y se hicieron «de forma que, estando las imágenes colocadas en el retablo, él observa desde abajo cómo es posible verlas, es decir, se ahorra oros, y así podemos ver un san Esteban, por ejemplo que en su lado izquierdo no tiene este material, y es que la figura colinda con la pared de la capilla mayor y desde ahí no se ve esa parte; se ve también que tiene estofaduras en una parte de la túnica y en otras no porque coloca un manto que las encubre».
El próximo año, en «una gran campaña», como avanzó Peinado, se acometerán otras siete de gran tamaño correspondientes al cuerpo superior del retablo y se actuará en su basamento. En la de este año se ha procedido también a la restauración de los cuatro tableros del retablo de Tagarabuena, así como de las pinturas murales que enmarcan el retablo mayor de Santa María de Arbas, de cuyo resultado se mostraba ayer especialmente satisfecho Javier Peinado: «parte de los fragmentos caídos o a punto de caerse se han podido recuperar y consolidar y también es una satisfacción ver cómo se ha dado entidad a todo lo que es el conjunto, de manera que se ve que es una prolongación que el propio artista hace el retablo». La actuación se ha completado con la rehabilitación del Ángel Custodio de la iglesia de Santo Tomás Cantuariense y con cinco aliceres polícromos del Sancti Spíritus.