M. B.
El herpetólogo toresano Abel Bermejo, con el apoyo de la Asociación Medioambiental Pangea Verde de Toro, ha elaborado el único estudio que existe en Castilla y León sobre el declive de la población de anfibios en la región, basado en un seguimiento desarrollado a lo largo de diez años en 74 humedales. El trabajo será publicado en la revista que edita la Asociación Herpetológica Española y, aunque recoge información de diversos puntos seleccionados en seis de las provincias castellano leonesas, dedica un informe especial a la situación de esta especie en la comarca toresana, la parte que ha sido «mejor muestra» dado el origen de su autor. El estudio ha contado, así mismo, con la colaboración de personal de la Universidad de Salamanca y con los pertinentes permisos de la Consejería de Medioambiente.
Según el estudio, la decadencia de la población de anfibios en Castilla y León se ha debido a la introducción de especies foráneas o invasoras, fundamentalmente el cangrejo americano y los peces destinados a la pesca deportiva como percasol o la garbucia, entre otros, aunque también ha afectado la presencia de galápago de orejas rojo o de Florida. Según explica Bermejo, «al estar en ecosistemas cerrados como son las fuentes o las charcas, crean un caos y aniquilan a los anfibios». Tras diez años de seguimiento y de valoración, el estudio concluye que de los 74 puntos sobre los que se ha trabajado, el 48,5% se encuentran afectados por las especiales invasoras. En 20 de ellos, además, han desaparecido por completo los anfibios, y han podido observar a mayores que, si ocurre esto, «acaban desapareciendo también los cangrejos porque se rompe a cadena trófica o alimenticia y se quedan sin recursos».
Por otro lado, se ha detectado que un buen número de humedales se encuentran afectados por una enfermedad emergente, la quitridiomicosis, un hongo que antes parasitaba en las plantas y que, con el aumento que ha experimentado la temperatura de la tierra en los últimos 50 años, según explica el herpetólogo, ha trasladado su hábitat a la piel de los anfibios, los cuales acaban muriendo deshidratados. El parásito es transportado por el hombre y su origen se encuentra en Sudáfrica, desde donde ha llegado a Europa. En la comarca de Toro, por ejemplo, de las diez localidades que han sido objeto de estudio, cinco se encuentran afectadas por este problema en sus charcas o fuentes. La acción del hongo puede acabar con una población completa y afecta especialmente al sapo partera.
Según el estudio, en Toro hay «una riqueza importante» de anfibios, pero la presencia del cangrejo americano ha causado un gran daño, especialmente en las especies con cola, en concreto el gallipato y el tritón jaspeado. Además de esta especia invasora, hay otros factores que han influido como la concentración parcelaria, la desaparición de muchos huertos que generaban humedad por el riego y la estabulación del ganado, que ha conllevado que muchas fuentes se sequen al no ser utilizadas por los animales
Según el estudio, la solución al declive de esta especie para por prohibir la introducción de los invasores en lugares de reproducción de anfibios o por la realización de controles por parte de la Administración. Así mismo, apunta Bermejo, es necesario «cuidar esos pequeños humedales que a primera vista parece que no tienen interés, pero que son espacios fundamentales y no solo para los anfibios, porque se trata, en definitiva, de conservar un entorno completo». En Toro, dice, «es fundamental que no se pierdan las fuentes, porque si ocurriera se perderían muchas especies». Además, subraya que la protección de los anfibios «es fácil», ya que «solo necesitan un poco de agua y que les dejen tranquilos», y «barata», puesto que se trata de especies que no provocan daños «como pueden ser los lobos, por ejemplo». De hecho, él mismo ha llegado a conseguir la presencia de más de media docena de especies en los dos estanques que ha habilitado en una finca.