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HEMEROTECA » |
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M. BARRIO El próximo domingo día 28 el jefe de la Policía Local de Toro, Lorenzo de Mena, al que todos conocen como «Tito», recibirá la Medalla a la Constancia por sus 25 años de servicio, dentro de los actos programados en la Festividad del Santo Ángel de la Guarda, el patrón del cuerpo.
-¿Qué balance hace de este tiempo?
-Muy positivo, la ciudad me ha acogido muy bien, ha habido ratos muy buenos, menos buenos, pero en general muy a gusto.
-¿Pero las cosas han cambiado mucho en el cuerpo?
-Hace 25 años nos llegaba una publicación, «Policía Local», en la que veíamos cómo los demás cuerpos tenían coches patrulla y entonces nosotros teníamos un «Diane 6» e incluso estuvimos una temporada sin coche e íbamos a pie a todos los sitios, la verdad es que esa fue temporada negra. Ha sido una lucha constante y también los políticos se han portado, cada uno en su medida, y ahora disponemos de una uniformidad idéntica a la de una capital de provincia, los medios son parecidos, contamos con ordenadores, dos vehículos e incluso dos motocicletas, aunque aún estamos a falta de algunas cosas como programas informáticos que se están preparando ya, pero si miramos atrás es como de la noche al día. También luchamos mucho por tener una independencia y poder salir del edificio del Ayuntamiento. Hemos conseguido ser una policía dinámica y joven. Por cierto que yo siempre he abogado porque la jubilación sea a los 60 años, porque a esa edad yo creo que una persona no debe estar en la calle con una pistola y porque esa profesión tiene mucho desgaste.
-¿Ha aumentado la plantilla?
-Éramos 14 y ahora somos 16 con tres vacantes. Estamos un poco escasos, aunque ahora han salido dos plazas de oficiales para crear unos mandos intermedios y luego saldrán tres plazas a mayores.
-¿Complica las cosas el ejercer un puesto como el suyo en una localidad menor?
-Sí, pero yo tengo muy claro que cuando me pongo el uniforme se me olvidan las amistades.
-¿Se generan más enemistades que amistades?
-Por supuesto que sí, un compañero dice que el día que pongamos en los coches billetes de cinco euros en lugar de boletines de denuncia seremos los más queridos, pero es que es así, es un trabajo muy bonito, pero a la vez ingrato; bonito porque si has cumplido con un servicio de ayuda a los demás te quedas muy a gusto y, por ejemplo, cuando la explosión de gas en las viviendas sociales allí nos presentamos toda la plantilla de paisano sin tener que llamar a nadie, y lo mismo ocurrió con el derrumbe de la vivienda de Rejadorada o del edificio de Delhy Tejero o Pajarinas.
-En este tiempo también han ido asumiendo más competencias.
-Pues sí, a través de la Ley de Coordinación de Policías Locales de la Junta y de un convenio que hicieron con el Ministerio del Interior y de Justicia, se han repartido las competencias y ahora mismo todo lo que sean delitos menores, colaboración en violencia de género, lo tenemos asumido, además en el tema tráfico hemos ampliado el casco urbano a raíz de la concesión por parte del Ministerio de Fomento de la travesía de la N-122.
-¿Cuál es el momento más duro que recuerda?
-Un accidente en la «Ollada de Morales» en el que murió una madre con sus dos hijos y un sobrino, fueron unas imágenes impactantes y aquello no se me ha ido aún de la cabeza pese a que ocurrió hace unos 23 años; también es muy duro cuando alguien se ha tirado a las vías del tren o cuando alguien se ahorca, porque, además, son vecinos. Y también es tremendo tener que comunicar a alguien una desgracia, en ese caso lo que hacemos es buscar a la persona adecuada, al que más amistad tiene, normalmente.
-¿Han aumentado en este tiempo los casos de violencia de género?
-Antes se callaba más, pero siempre han existido, de hecho la primera denuncia que se puso aquí fue hace 20 años, era una cría, pero ahora ha cambiado mucho la legislación y hay más protección.
-¿Ha resultado herido en alguna intervención?
-Cuando llevaba solo seis meses en el cuerpo y no era aún jefe nos agredieron con un cristal por mediar en una riña familiar y a mi compañero le dieron 9 puntos y a mí 19, pero no te desanimas, porque quieres mucho a la profesión.
-¿Recuerda alguna anécdota?
-Al principio de prestar servicio nos avisaron de que en Santa Ana había un señor metido dentro de un contenedor, le pedimos los datos y nos dijo que se había perdido y pensamos que se estaba riendo de nosotros, pero después de contarnos su vida al final acabamos llorando de pena que nos dio y le dimos un bocadillo. También recuerdo haber ido a buscar a la farmacia un chupete para un niño que no paraba de llorar o al médico y llevarlo al domicilio del enfermo.
-Supongo que el caso del atraco de «El solitario» tampoco es fácil de olvidar.
-Por supuesto. Mi compañero Agustín y yo fuimos los primeros que entramos, con pistola en mano, en la oficina y fue una sensación dura, porque sabíamos que nos estaba viendo y que si no nos hacía nada era porque no quería.
-¿Es Toro una localidad conflictiva?
-Está subiendo porque han subido los delitos por parte de asentamientos de inmigrantes, pero yo creo que en general ha bajado; ha aumentado el nivel cultural y ha mejorado la educación de las personas y no se hacen las cosas que se hacían antes.
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