M. B.
Torreznos con cebolleta y pimentón, sopas de ajo y tortilla de patata. Con estos manjares que bien pudieran formar parte de un almuerzo de vendimiadores se desayunó ayer un grupo de importadores y restauradores belgas en mitad de una parcela de viñedo de la D.O. Toro., la cual visitaron. La «ocurrencia» fue de los responsables de la firma Cepas y Bodegas, que se encargaron de recibirlos para que conocieran in situ de dónde salen los caldos toresanos que tanto aprecian.
Esta firma vinícola está a punto de finalizar la construcción de su bodega, -aunque elaboran vino de la D.O. Toro desde hace varios años-, así como un pequeño y coqueto hotel adosado en la finca de dos hectáreas, incluida una viña y un pinar, que poseen a unos 800 metros de Morales de Toro, en la carretera que le une con San Román de Hornija. El hotel cuenta con tan solo seis habitaciones, aunque el objetivo que pretenden con el mismo no es tanto dedicarlo al enoturismo como a la «enología profesional», como explicaba ayer Maite Geijo, promotora del proyecto junto a su marido, Roberto Martín. En definitiva, con él tratarán de dar servicio a los grupos que habitualmente les visitan. «Siempre nos surge la misma necesidad cada semana que tenemos una visita», señala Geijo, ya que «las personas que vienen a ver la zona lo que quieren es empaparse del campo, de la tierra y de las viñas, saber de dónde surgen nuestros vinos y nada mejor que poder comer, dormir y catar en la misma tierra». Según esta mujer, que llegó al mundo del vino a través de la sumillería, a los extranjeros «les llama sobre todo la atención saber que la mayor parte de las viñas de Toro se vendimian a mano», como también les despierta curiosidad «el clima extremo que tenemos y cómo la tinta de Toro lo soporta». El importador belga Bernard de Vriendt destacaba en este sentido la singularidad del «tempranillo» toresano frente a otras zonas vinícolas del mundo y también se sintió «encantado» con la llanura de la zona frente a zonas como Ribera «con ondulaciones y movimiento». Unas «planicies» de las que también destacó el «sosiego» que aportan al viajero, aunque lamentó lo «mal incorporadas que están al paisaje las industrias».
Maite Geijo también se refirió a la «importancia» de la ciudad de Toro como complemento a estas visitas, con una única «queja», la «necesidad de más infraestructuras hoteleras».
Cepas y Bodegas tiene una producción de 120.000 botellas anuales entre los robles, crianzas y reservas del «Viñalcasta» y el vino de autor «Arco de Guía» que pasa por ser, además, «el único vino ya no de Toro, sino del mundo, envejecido en barrica de roble español», un material que, según la sumiller , «es más respetuoso con la uva y consigue guardar mejor sus características propias, su aroma».