M. B.
El médico de Cuidados Paliativos Daniel Ramos dijo el pasado lunes por la noche en Toro, dentro de la charla organizada por la Junta Local de la Asociación contra el Cáncer:, que la sedación de un paciente terminal es un proceso «en el que se pregunta a todos y en el que «todos estamos de acuerdo». Partiendo de que no es una «práctica habitual» -en Zamora son sedados entre el 5% y el 10% de los alrededor de 130 pacientes que pasan anualmente por la Unidad de Cuidados Paliativos-, dijo que es algo «que no tiene que ver con la religión» y que está «fuera del debate» sobre la eutanasia.
De lo que se trata, tal y como explicó al auditorio, es de «disminuir el nivel de consciencia del enfermo para que el sufrimiento por la constancia de su situación sea menor». No eludió hacer alusión a la ocurrido en el hospital de Leganés (Madrid) con respecto a la sedación y personalmente dijo estar «éticamente tranquilo si mi intención es ayudar al enfermo, no matarlo, porque yo me rompo la cabeza por disminuir su sufrimiento». Lo difícil, puntualizó, «es saber plantear esta situación en el momento adecuado». Ramos fue saludado ayer con grandes muestras de afecto por algunos de los familiares de enfermos oncológicos a los que ha atendido en sus domicilios en Toro.
El desarrollo de las unidades de cuidados paliativos, en coordinación con los oncólogos, ha permitido que los enfermos sean atendidos en estados más primarios de la enfermedad, mientras que antes se centraba «prácticamente en la agonía».
Su finalidad es abordar al ser humano de una manera integral, «el sufrimiento físico , el psicológico y el espiritual a veces», según señaló el doctor, puesto que estos profesionales están dotados de una formación que les permite «detectar este tipo de problemas para intentar poner recursos al alcance y hacer que todo este proceso sea lo menos doloroso tanto para el paciente como para la familia». Los familiares, subrayó, son «el eje principal de los cuidados» y garantizar éstos en el domicilio «depende de que el enfermo tenga un buen cuidador, que las condiciones del domicilio sean las idóneas y que haya una buena relación». En ocasiones, dijo, es la familia quien más sufre, «porque en el paciente vas controlando su nivel de consciencia». Así las cosas, dijo, «en la mayoría de los casos lo que queda a la familia es el buen hacer, que se haya sentido útil con su ser querido , que hayan podido atenderlo en el domicilio». «Nadie está preparado para la muerte», apuntó, «lo que si diferencia es el camino para la muerte y eso depende de que los que estamos alrededor del enfermo, tanto sanitarios como familiares le ayuden dentro de la creencia, valores y expectativas que tiene». El doctor Ramos reconoció que no solo no se ha acostumbrado a la muerte, sino que «siempre queda una cicatriz» con cada paciente que muere. Sin embargo, dice sentirse muy a gusto desarrollando su labor sanitaria en esta faceta de la medicina, porque dentro de su especialidad de médico de familia «te permite abordar toda la escala de valores del ser humano y, aparte, veo el beneficio que se hace, me satisface mucho poder ayudar».
Los actos organizados con motivo del décimo aniversario de la creación de la Junta Local de la Asociación Española Contra el Cáncer en Toro continúan hoy, jornada en la que exactamente se cumplen esos diez años de vida, con una mesa redonda sobre «Voluntariado» en la que intervendrán Ana Moreno, coordinador de Voluntariado, Ángel García, presidente de la Junta Local, Mª Jesús Viejo, psicóloga de la AECC, y Francisca Hernández, concejala de Bienestar Social del Ayuntamiento de Toro. Será a las 20.00 horas en la sede de la asociación.