M. B.
Cuentan los ribereños y otros toresanos amantes del entorno del río Duero que hasta hace menos de dos décadas se podían encontrar en sus orilla pobladas colonias de galápagos. Ahora se lamentan de que han ido desapareciendo, de manera que en la actualidad es muy difícil poder toparse con uno de ellos. Los que más tienen claro que la mano del hombre, como casi siempre, tiene mucho que ver con ello, pero hay quienes van más allá y denuncian que hasta hace pocos años «algún industrial de Toro compraba caparazones para hacer ceniceros», e incluso se atreven a insinuar que quizá estén siendo capturados por inmigrantes centro europeos para utilizar su carne como alimento. Extremo éste que descarta la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Castilla y León, donde enmarcan la desaparición de colonias en la preocupante «recesión» que han experimentado las poblaciones de galápagos autóctonos en Castilla y León, especialmente en la zona más oriental de Salamanca y todo el Norte y Este de Zamora.
En Castilla y León hay dos especies autóctonas de galápagos o tortugas acuáticas: el galápago europeo y el leproso. El primero se encuentra desde la Península Ibérica hasta Asia menor y el segundo habita prácticamente toda la Península, Norte de África y una pequeña porción del Sur de Francia. En el caso de la ribera zamorana en general y la toresana en particular, la presencia más abundante ha sido de la primera especie.
Los muestreos realizados para el estudio científico que se viene realizando desde hace casi cuatro años por el Área de Zoología de la Universidad de Salamanca, con el apoyo de la Consejería de Medio Ambiente , ha revelado que los pocos ejemplares encontrados en a Salamanca y Zamora son adultos viejos.
Cuenta un paseante ribereño que entre las fuentes del Tejo y San Tirso «existía una colonia de más de 60 galápagos que era una auténtica joya, había árboles secos a donde se ponían a tomar el sol; yo se los enseñaba a mi nieto e incluso le hice fotos con ellos». Es el quien afirma haber visto a algunos foráneos echar las cañas de pescar por las noches con un cebo de cola de cangrejo, para después recogerlas a la mañana siguiente con la captura.
Según los servicios técnicos de Medio Ambiente, sin embargo, esta práctica del sedal durmiente, como se conoce a este arte de pesca -consistente en uno o diversos anzuelos en un sedal atado en la ribera, susceptible de capturar peces sin la intervención inmediata del pescador, no se emplea para la captura de tortugas o galápagos, sino para le pesca del barbo, fundamentalmente.
Esta pesca podría ser también ilegal, pero, en el caso que nos ocupa, señalan que «es absurdo coger un galápago mediante este sistema», además, añaden, la carne de tortuga no es un plato que resulte «exquisito para los centroeuropeos», entre los que, por contra, sí existe «la tradición de aprovechar el pescado del río, los barbos o las carpas, que pescan con cola de cangrejo y después los salan y los dejan secar al aire».
Así mismo, resaltan que los galápagos no son capturados fácilmente, como también es difícil poder verlos «salvo que exista una colonia». Si pueden ser víctimas, sin embargo, según el estudio de la Universidad de Salamanca, de la pesca con caña o las redes cangrejeras, en las que suelen terminar ahogadas.
La mayoría de las poblaciones del galápago europeo y el leproso común no solo en Zamora o Toro, sino en toda España, están en declive o seriamente amenazadas, como ha recordado el herpetólogo toresano Abel Bermejo, quien tiene claro que la disminución de estos ejemplares en Toro, y no solo de ellos, sino también de otras especies fluviales autóctonas, tiene que ver con la «suciedad» del río y con el «desequilibrio» del ecosistema que ha provocado la introducción de especies exóticas invasoras .
Según la Consejería, la presencia del visión americano es la que en mayor medida puede haber afectado a las poblaciones de galápagos en Toro. «Está plagado», aseguran a la vez que puntualizan que «el 80% de los ejemplares pequeños que se ven y que la gente cree que son nutrias, no lo son, son visón americano». La llegada de estos animales a la zona está, incluso, datada; tuvo lugar en el año 89 en el área de la Guareña como consecuencia del escape de una granja ilegal en la que se criaban para obtener pieles. El visón americano ha causado también estragos entre la población de galápagos de toda la región, aunque existen otras causas como la contaminación de las aguas debido, fundamentalmente, al incremento de los nitritos procedentes de la agricultura. Entre las especies invasoras se encuentra también el galápago de orejas rojas, procedente de California.
Quisquillas y mejillones de río
La «mala calidad» de las aguas, dice Abel Bermejo, así como los depredadores y las especies autóctonas —entre ellas el temido cangrejo americano o el lucio, introducido para la pesca deportiva— no solo han tenido efectos negativos entre las tortugas, también entre otras especies fluviales habituales del Duero a su paso por Toro como las quisquillas —especie de crustáceo del orden de los cangrejos de río— o el mejillón de río, aunque este último está menos amenazado y no es difícil encontrarlo en torno al quinto pilar del puente de piedra, en la margen izquierda del río, como indica un ribereño, que lamenta la ausencia de quisquillas y de la planta del hinojo «que cogían las gitanas para hacer un guiso riquísimo».