M. BARRIO.
La imagen del Cristo de las Batallas, patrono de Toro, será trasladada el domingo en «solemne» procesión desde la Colegiata a la ermita de Nuestra Señora de la Vega, donde permanece todo el año. Esta es la cuarta ocasión en 73 años en que la talla románica, a la que los toresanos profesan una gran devoción, será procesionada fuera del entorno de la ermita. Desde primeros de julio la imagen ha permanecido en Toro para ser sometida a una exhaustiva restauración por parte de la Escuela Superior de Restauración y Conservación de Bienes Culturales de Madrid, y desde primeros de agosto ha estado expuesta, junto al resto de piezas intervenidas, en la capilla de la Majestad de la Colegiata.
El traslado procesional será presidido por el párroco Roberto Castaño, quien ha querido «dotarlo de contenido para evitar que se convierta en una romería». Así las cosas, a lo largo del recorrido se van a rezar «Las Llagas», haciendo una parada para cada una de las cinco partes de la oración. La primera se rezará en la Colegiata, en cuyo presbiterio será colocado el Cristo tras ser alzado en las andas; la siguiente se hará en San Agustín; la tercera en la Cuesta; la cuarta pasando el río, y la quinta y última en la ermita. La procesión contará con el acompañamiento de la banda municipal de música «La Lira» y está organizada por la Cofradía del Santísimo Cristo de las Batallas, los cuales deberán acudir con sus medallones identificativos y sus insignias. Tras la celebración religiosa este colectivo ofrecerá a todos los asistentes una limonada en la hospedería situada junto a la ermita. El párroco Roberto Castaño espera que la procesión se convierta en un acto «multitudinario» dada la devoción que los vecinos de Toro tienen a su patrón, y ha aprovechado para alabar el resultado de la restauración de la imagen. «Ha quedado precioso», ha dicho en este sentido. Por su parte, los responsables de la cofradía, como el tesorero Fernando Roldán, también han pedido a los toresanos que no falten a la cita.
El traslado a Toro más remoto del Cristo que se recuerda tuvo lugar al inicio de la guerra civil española, en 1936, cuando la imagen fue depositada en la Colegiata junto a la de la Virgen del Canto, que comparte con él el patronazgo de la ciudad. Con tal motivo se organizaron, además, novenas en honor a ambos. Posteriormente, en la década de los años 40 fue procesionado en rogativa en demanda de lluvia, debido a la pertinaz sequía que se vivió, y dicen los lugareños que con resultados positivos. En esta ocasión la novena se celebró en la iglesia de San Julián de los Caballeros, parroquia a la que pertenece el Cristo de las Batallas, ya que, como consecuencia de la desamortización de 1835, a ella quedó agregada la ermita. La última vez que partió desde su santuario a Toro fue hace cerca de dos décadas con motivo de la restauración a que fue sometido el templo. Por entonces estuvo acompañado de la Virgen de la Vega —imagen gótica de finales del siglo XIII— y ambas tallas fueron depositadas en San Julián. Concluidas las obras fueron trasladadas en procesión a la ermita y el recorrido se tardó en realizar más de dos horas debido a las paradas que se fueron haciendo para el cambio de cargadores.