MAITE BARRIO.
Todo empezó por el caballo que sus padres regalaron a José Antonio Rodríguez Náñez en el año 92 por las buenas calificaciones académicas que había obtenido ese curso. A este le siguieron otros y en el 2004 decidió dar el salto de la afición de montar a la cría poniendo en marcha una yeguada que comenzó siendo de raza cruzada y que derivó en la pura raza española (P.R.E.), a la que se dedica ahora en exclusividad este toresano, geólogo de profesión y ganadero durante el resto del tiempo que le queda libre, aunque también cría algún ejemplar de deporte español -cruzados de anglo árabe con centroeuropeo-, los cuales se destinan al salto fundamentalmente.
Cuando habla de su ganadería, denominada Garona PRE (Ganadería Rodríguez Náñez), José Antonio Rodríguez insiste en que es «humilde» y «familiar» -él mismo se encarga del mantenimiento con la ayuda de su padre, el conocido pedíatra jubilado José Antonio Rodríguez Puertas-, pero en tan solo cinco años han conseguido que sus caballos se hayan colocado por encima de reputadas ganaderías en los certámenes en los que han participado. «Nosotros no somos profesionales», comenta, y «la verdad es que no es fácil colocar un animal por delante de ganaderías que llevan a los concursos su jinete, su mozo, su presentador». Con el primer producto nacido en la ganadería, Adalia, un impresionante ejemplar de yegua de porte elegante y capa castaña -el color más característicos de la P.R.E. junto con el tordo- , lograron la quinta posición en el IV Salón del Toro y el caballo Ciudad de o de Zamora 2006, y el mismo año consiguió la medalla de plata en el Equinoval (Valladolid) en la categoría de potras de dos años. Otro caballo, Diluvio, se hizo con el segundo puesto en la sección sexta potros de 3 años y fue declarado subcampeón joven de raza en la categoría de de premios especiales en las ferias de San Pedro de Zamora de este año. Este premio le ha valido, además, para clasificarse para la final del Campeonato de España que se va a celebrar en noviembre en Sevilla, «donde tendrá que competir con medio centenar de los mejores potros de España».
Con la participación en los concursos tratan de hacerse con un «curriculum» como ganadería, aunque, como puntualiza el joven criador, «no todos los animales que se crían son lo suficientemente buenos como para concursar, conseguirlos para este fin es complicado», por eso a otros se les trata de dar salida «para ser montados» poniéndolos a la venta. Con este objetivo han salido ya dos potros para Huelva, aunque también vendieron todos los ejemplares cruzados que tenían. Algunos animales, sin embargo, «no tienen precio» para José Antonio. Es el caso de Adalia y Diluvio, pese a que le han ofrecido «dinero en condiciones». Y es que tiene claro que el objetivo fundamental de su ganadería es la «satisfacción personal» que le procura. «Se tiene porque gusta mucho, porque tratar de rentabilizarlo es muy difícil», apostilla. La yeguada se encuentra situada en una finca de 12 hectáreas situada en el pago de Las Bodegas, lindando con Villachica. Las instalaciones, aclara este criador de caballos, han sido montadas por la familia y cuentan con las cuadras, las cuales se dividen entre las que acogen a los adultos y las dedicadas a los partos; los cercados, donde los animales se apartan en función del sexo y la edad -potros de destete, de un año y adultos-, así como el caminador donde los caballos se mantienen en forma.
Garona PRE, que cuenta con 16 ejemplares en la actualidad, es una de las dos únicas ganarías de caballos que hay en Toro, a la que se suma otra en Morales de Toro, aunque ésta se dedica a la raza anglo árabe. Para José Antonio, el caballo de pura raza española «es el más bonito del mundo, el más noble y elegante, el que tiene los aires más cadenciados», además, añade, «es el nuestro, y estar aquí y no defenderlo me parece un error». Hasta hace no mucho, explica, los caballos españoles eran valorados en los concursos únicamente por su morfología, es decir, su belleza, pero desde hace un tiempo se les viene buscando una «funcionalidad» y se están «seleccionado ejemplares con actitud para el deporte», en concreto se trata de «adaptarlos a la disciplina de doma clásica». Por eso es tan importante la selección del semental con el que cubrir a la yegua. Garona PRE recurre para ello a la inseminación artificial, adquiriendo por catálogo semen refrigerado procedente de las yeguadas militares que existen en España: Écija, Jerez, Ávila, Santander o Zaragoza. «Es un proceso complicado», explica José Antonio, «porque hay que hacer coincidir la recepción con la ovulación de la yegua», y también muy costoso, «hay que hacerle ecografías al animal, si no queda preñada hay que repetir todo a los quince días...». El canon de cubrición oscila entre los 800 euros de la yeguada militar y los hasta 3.500 de una ganadería particular con premios reconocidos.
Nombres de pagos para los caballos
José Antonio Rodríguez ha optado por unir la querencia a sus animales y a su tierra a la hora de imponerles un nombre, ya que ha recurrido para ello a los pagos toresanos: Adalia, Barzolema, Lebratino, Bardales, Perinda, Bocarraje, Marialba o Sariñana. No ha querido acogerse, como en muchas ganaderías, a la denominación numérica añadida a un mismo nombre. Y es que cuando habla de sus yeguas y caballos lo hace casi con la misma vehemencia que si de un hijo se tratara: «la llegada de un animal la llevas esperando desde antes de que se cubra la yegua, primero hay que buscarle un semental que vaya bien con ella, cuando se cubre hay que esperar once meses al nacimiento, luego hay que confiar en que nazca bien y en que no pase nada en las primeras semanas», y añade, «cuando se destetan, al año, es cuando comienzas a ver un poco cómo puede ser el potro, es decir, vas disfrutando desde el primer momento, porque después vas viendo cómo crecen, cómo evolucionan...». Por eso, cuando ha tocado sacrificar a alguno, «no llegas a llorar, pero da mucha pena, se les coge mucho cariño y ellos conocen perfectamente a la persona que les cuida». Si hay que elegir, la yegua Adalia y el potro Diluvio son sus preferidos, aunque para montar opta por Torki, el caballo que hace 17 años regalaron a José Antonio sus padres. «Tiene un carácter increíble», apuntilla su amo.