BELÉN ALONSO.
El toresano Manuel Pelayo Sánchez fue ayer el encargado de pronunciar el pregón de la Semana Santa toresana. Un discurso que «sale del corazón» para narrar una Pasión «austera y sencilla» en la que mezcló sus vivencias de niños, como cofrade de Nuestro Padre Jesús y Animas de la Campanilla y del Santo Sepulcro y la Soledad y como cargador.
La Colegiata se volvió a quedar pequeña para albergar al número de público que acudió al evento, en el que también estuvieron presentes las autoridades locales y provinciales. El presidente de la Junta pro Semana Santa, Angel García, presentó al pregonero de este año y destacó el amor de Manuel Pelayo «por la Semana Santa, por la Virgen del Canto y por las costumbres toresanas a pesar de vivir desde hace años en Barcelona».
A continuación Manuel Pelayo, emocionado, comenzó su relato con el pilar de su devoción hacia la Semana Santa toresana, «tenía 16 años cuando se me detectó una grave enfermedad. El diagnóstico era pesimista. Era víspera de Semana Santa, por lo cual no podía procesionar, además estrenaba túnica. Mi desilusión y mi tristeza fueron enormes. Me encomendé a Nuestro Padre Jesús Nazareno y a los dos años me curé».
La primera procesión a la que pudo asistir lo hizo como penitente al lado de Nuestro Padre Jesús, «ahora os daréis cuenta de mi primacía al relatar esta vivencia que aumentó mi fe y mi devoción».
Manuel Pelayo descartó la idea de la existencia de dos semanas santas: la que se vive en la calle y la que se vive en los templos. A su parecer «son dos caminos que convergen en Cristo Crucificado, centro del misterio de la Pasión, dos formas distintas de vivir esos días que de ninguna manera se excluyen, sino que se complementan».
El pregonero inició entonces un recorrido por todas y cada uno de los desfiles de la ciudad resaltando los momento más emotivos. Recuerda a las madres que han perdido a sus hijos en el desfile de La Dolorosa el Viernes de Dolores. Destaca el nerviosismo de los niños toresanos a la salida de Jesús en la Borriquilla, el Domingo de Ramos, «su mirada de niños dan la verdadera emoción a la fiesta, signo de inocencia» y exalta el canto del miserere el Lunes Santo con «sus penitentes con capa castellana, pesados faroles encendidos en la oscuridad de la noche, silencio sepulcral, fervor...recogimiento y fe».
Tras la procesión del martes santo de la Cofradía de Jesús y Animas de la Campanilla, relata lo que para él son los momentos con más sentimiento de la Pasión toresana: El Silencio y la salida de Santa Catalina el Viernes Santo. Asi narra que «el alcalde en la puerta de la iglesia hace el juramento del silencio, deja su bastón de mando a los pies de nuestro Cristo de la Expiración. Momento indescriptible, la emoción me embarga, su mirada me hace sentir más pecador».
El Jueves Santo se celebra en la iglesia de Santa Catalina una de las tradiciones más populares de la Pasión. «En el atrio de la iglesia, el paso de Nuestro Padre Jesús Nazareno. En un lugar preferente y arrodillados cuatro hermanos que con sacrificio y fe, se postran ante Jesús. Suenan las doce campanadas en el Arco del Reloj... son los conqueros que pedirán limosna en todos los rincones de nuestro pueblo, en el más absoluto silencio».
El tono de voz de Manuel Pelayo cambió cuando comenzó el relato del Viernes Santo, «tengo un recuerdo y un cariño especial a esta salida del templo, sobre todo cuanto Nuestro padre Jesús Nazareno y la Soledad dentro de la iglesia inician con paso firme la salida... conozco muchos cargadores. Yo lo fui también en mis tiempos. ¿Sabéis la emoción que se siente al cargar?. No perdáis nunca esa devoción, ese afán».
Las Damas de la Soledad velan el Sábado Santo a Virgen y el repique de campanas dicen a la ciudad el Domingo de Resurrección que Jesús está vivo, «es momento de júbilo, música y suelta de palomas símbolo de la paz». Finalizó pidiendo que «viváis con gozo estos días y que vuestra presencia en todos los actos tanto de la iglesia como de la calle sea testimonio de nuestro cristianismo».
A continuación tuvo lugar las actuaciones de la Asociación de Pulso y Púa Amigos del Arte de Toro y del Coro Interparroquial. La Asociación de Pulso y Púa interpretó en solitario un repertorio compuesto por la "Sinfonía número 40" (allegro) de Mozart; "Toda una vida" (romanza de D. Rivas; Canción de Solvejgs" de E. Grieg y "Goyescas" (intermedio) de E. Granados.
Junto a los miembros del Coro Interparroquial interpretó "La cruz del Señor" de J. Manuel Chillón.