OTR/PRESS
Empresas de tecnología punta estadounidenses, alemanas e italianas se unieron en 2002 para levantar en la cima de una montaña de más de 3.000 metros en Arizona uno de los proyectos científico-técnicos más prominentes en la investigación astronómica moderna.
Tras varias años de construcción, el telescopio entró en servicio en 2005, pero no fue hasta noviembre pasado cuando se emplazó la cámara panorámica en el segundo de los dos grandes espejos de que consta la instalación, de 8,4 metros de diámetro cada uno, y que ahora han empezado a trabajar a pleno rendimiento de manera combinada, y permiten a los astrónomos explorar el Universo con unos prismáticos gigantes.
UN TELESCOPIO CONVENCIONAL SIMILAR ES INVIABLE POR SU PESO
Las primeras imágenes binoculares logradas por el LBT, según información de la Universidad de Arizona recogida por otr/press, muestran tres interpretaciones cromáticas diferentes sobre la galaxia en espiral NGC 2770, situada a 120 millones de años luz de nuestra Vía Láctea. La galaxia presenta un disco plano de estrellas y un resplandor de gas que se extiende hacia nuestra línea de visión.
Con una área de captación de luz de 11,8 metros, el nuevo telescopio es capaz de producir una imagen con una agudeza equivalente a la de un telescopio monocular de 22,8 metros. A pesar de su tamaño, cada uno de los espejos pesa 16 toneladas, mientras que un telescopio clásico de características similares debería tener una masa de 100 toneladas, inviable en la práctica.
"Conseguir un telescopio binocular funcionando a pleno rendimiento no sólo es un motivo de celebración para los responsables de este observatorio, sino también para toda la comunidad de astrónomos", declaró el presidente del LBT. Peter A. Strittmatter. "Las imágenes que producirá este telescopio no se parecerán en nada a lo visto hasta ahora. La potencia y claridad de su mecanismo propiciarán una capacidad no alcanzada hasta ajora para profundizar en la historia del Universo, llegando incluso hasta su mismo nacimiento", explicó.