La pequeña Alejandría

La biblioteca de Quintanalara (Burgos) acoge en sus instalaciones 12.000 libros para una treintena de vecinos que en invierno se reducen a ocho

05.02.2017 | 02:04
Vista general de la biblioteca del pueblo burgalés de Quintanalara.

Todo comenzó hace ahora un año cuando el alcalde de la localidad, Rubén Heras, y varios vecinos comenzaron una campaña mediática al conocer que una imprenta iba a deshacerse de una gran cantidad de libros. "En ese momento nos pusimos manos a la obra para montar la biblioteca y poco a poco lo fuimos consiguiendo. Hoy tenemos alrededor de 12.000 libros colocados y hay otros 20.000 que están a la espera porque no nos caben todos", explica a Ical.

Un cartel de madera dirige al transeúnte hasta "El Potro". El nombre del espacio que ahora ocupan miles de libros no es casual ya que lo que ahora es una sala de literatura e imaginación era hasta hace no mucho tiempo un lugar dedicado a la ganadería. Lo primero que sorprende es que la puerta esté abierta y la quietud de un cuarto impregnado de historias. La biblioteca de Quintanalara está abierta 24 horas.

Pese a lo que pueda pensarse, la de Quintanalara no es una biblioteca al uso. Un cartel invita al visitante a "coger el libro que interese y a dejar el que se trae para su intercambio en una mesa-buzón". Del mismo modo, y ante la ausencia de un servicio bibliotecario que no podría costear el pequeño municipio, se recomienda apuntar los datos del libro que se coge "prestado".

"Lo que buscamos es que los libros viajen y que dentro de unos años, quizás cien, sepamos cuál ha sido el recorrido de un libro cogido en nuestra biblioteca", apunta Heras, que reconoce que la biblioteca nace como un elemento "dinamizador" con un claro "componente emotivo de amor por los libros y la literatura".

Para hacer posible ese periplo por el mundo, la biblioteca de Quintanalara forma parte de una red de "Bookcrossing Spain" que permite depositar el volumen "en otro lugar donde alguien lo pueda recoger". Un sistema de intercambio cultural que permite saber el "recorrido exacto de un libro desde que sale de Quintanalara" en virtud a un registro que también se puede seguir en la página web de la red.

"Por el momento sabemos que ya hay cientos de libros viajando porque en estos meses han venido personas de toda España hasta la biblioteca", asegura Heras. Así se puede descubrir en una lista que invita al visitante o potencial lector a apuntar su localidad de origen y el título de lo que deja y lo que se lleva. En la misma, se descubren lugares de residencia tan recónditos como Chile, otros menos lejanos como pueblos cercanos de la comarca y ciudades como Sevilla o Bilbao.

En el perfil de "Bookcrossing" de Quintanalara se da cuenta de la intensa actividad de esta pequeña Alejandría. Así, aparecen un total de 12.033 libros registrados, 2.260 de los cuales "se encuentran liberados" y seis de ellos "cazados". Del mismo modo, se mantienen 74 volúmenes "controlados" a la espera de conocer próximos destinos o retorno hasta su lugar de origen.

Apartada del mundo

Si hay algo que llama la atención, además de la belleza de unas vigas y estanterías de madera restauradas con mimo, es el silencio que hay en la biblioteca. Una quietud que invita a la lectura de obras históricas como la vida de Mao, textos de cocina, biografías de los últimos presidentes de Estados Unidos, o libros que nunca pasarán de moda como "La Casa Verde" de Vargas Llosa o "Dublineses"de Joyce.

"Sabemos que mucha gente ha elegido la biblioteca para leer y por eso tenemos unas sillas pero nuestra intención es ampliarlo todo con una sala de estudio y de lectura", avanza el alcalde de la localidad, impulsor de lo que ya entiende como un aliciente "de primer orden" capaz de mover turistas.

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