Plácido Domingo | Tenor

"A mis 74 años y con las señales que me manda el cuerpo sé lo que ya no puedo hacer"

"Mi carrera es más grande que mi talento; yo no fui un tenor nato, tuve que trabajarlo mucho" l "Mi despedida de los escenarios será muy íntima"

17.08.2015 | 06:10
Plácido Domingo.

Víctor A. Gómez

El prestigioso tenor Plácido Domingo acudió hace escasos días al Museo de Cera Madrid para que el equipo artístico tomara sus medidas con el fin de inaugurar su escultura el 21 de enero de 2016, el día de su aniversario, con el fin de rendir homenaje a todo un referente de la lírica.

-Da la sensación de que uno de los lemas de su carrera podría ser "Nunca mirar hacia atrás, nunca detenerse"?

-Sí, estaría de acuerdo con ese lema... La verdad es que siempre miro hacia adelante y estoy entusiasmado con el presente. El glorioso pasado es el que me ha traído hasta aquí y siempre lo valoraré con orgullo. En cuanto a detenerse, ya dirá Dios, pero hasta el momento le soy agradecido por lo que me ha concedido y por poder seguir a mi satisfacción y la del público.

-¿Es frustrante tener una cabeza que va a mil revoluciones y saber que el cuerpo ya no la acompaña a la misma velocidad?

-Como decía antes, la voz algún día dirá: "Hasta aquí". Pero dirigir y seguir cultivando nuevas voces a través de los programas de Jóvenes Cantantes de Los Ángeles, Washington y Valencia, así como a través del concurso de Operalia, lo seguiré haciendo con gran entusiasmo y determinación hasta que el cuerpo aguante. Sí es verdad que Dios y el cuerpo me han mandado señales de cautela, y me cuido más y más cada día. Ya estoy bien entrado en los 74 años pero consciente de lo que se puede y ya no se puede.

-"Plácido desafía la gravedad de la edad", dijo de usted el "New York Times". ¿Cómo lo hace?

-Como decía antes, con entusiasmo en mi trabajo, compañerismo siempre y mucha paciencia. Siempre estoy estudiando, como joven universitario, siempre tengo una partitura o dos bajo el brazo.

-Suele sugerir usted que su carrera es más grande que su talento.

-A menudo lo he dicho: yo no fui un tenor nato; me tuve que inventar los agudos y trabajarlos mucho, al contrario de la mayoría de los tenores de entonces y de ahora, que tienen sus agudos altos, naturales, fáciles y muy bonitos. Mi voz era más abaritonada y ahora estoy volviendo a un círculo completo. El talento lo recibí con emoción, pero la carrera de más de 50 años que he venido haciendo ha requerido de mucho esfuerzo, mucho trabajo, mucho estudio... Pero no me siento único o solitario en esta filosofía: todo artista que sabe lo sacrificado de esta carrera y merece toda adulación y comprensión. Siempre lo he dicho y lo seguiré diciendo.

-Jamás se le ha conocido un fracaso. ¿Habría sabido sobrevivir a un fiasco?

-He tenido mejores funciones que otras a lo largo de mi carrera y, aunque no dejo que me afecten, mejores críticas que otras, pero no creo haber vivido nunca un fracaso. Hay altas y bajas como en todo, pero hay que mirar hacia delante y seguir tu camino. Tropiezos los tenemos todos, pero fracaso es una palabra demasiado fuerte para lo que hacemos los artistas.

-¿Cómo ha conseguido que cantar sea su profesión sin dejar de ser su hobby?

-Con la mucha pasión que tengo por lo que hago y me gusta. En serio, tengo un enorme entusiasmo por la música y el arte, tengo colegas y amigos entrañables en la industria y una familia que me comprende, me apoya y me sigue. Si además le proporciono un buen rato al público, la verdad, qué más puedo pedir.

-Uno de los valores de su carrera ha sido el despojar al cantante de ópera de las superficialidades del divo.

-Creo que es consecuencia natural de mi forma de ser. Así eran mis padres también, entregados al público y agradecidos por el cariño demostrado. Uno va cultivando a su público, pero ese público es finalmente el que te pone o no la estrellita en la frente. Siempre he sido sencillo, y no conozco otro comportamiento. Lo que veis es lo que soy.

-"Me gusta sufrir en el escenario", suele decir. Suena paradójico.

-Me refiero sobre todo a los personajes que interpreto. El caracterizar a un personaje que sufre un amor imposible, un ataque de celos incontrolable, una pérdida irreconciliable o una muerte trágica te permite activar matices inigualables al momento de actuarlos y de darles vida. Aunque me honro de tener un muy buen sentido del humor, se me da mucho mejor el drama que la comedia escénica.

-Para dramas, la crisis. ¿Cuál ha sido la gran tragedia de la cultura en estos años?

-El tener que sacrificar producciones, el haber cerrado algunos teatros, el haber interrumpido algunas actividades en programas de jóvenes cantantes... En fin, cualquier sacrificio en lo que supone el avance, la preservación y la continuidad de la música es una tragedia. No hay nada más pacificador y conciliador que la música. Habría que defenderla de manera igualmente prioritaria.

-¿Cómo le gustaría que fuera su despedida de los escenarios?

-Mi despedida de los escenarios será muy íntima. No vislumbro una gira de despedida, si no que más bien lo anunciaré después de cierta representación de ópera en algún lugar. De los conciertos, todavía no puedo decir. Espero seguir pudiendo cantar conciertos por un rato más allá de la función operística, que exige mucho más de ti.

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