El ganado borró a Alberto Durán

El torero zamorano se estrelló contra dos novillos infumables en Las Ventas l Gómez del Pilar, un lote de ensueño que le vale una oreja

 
Miembros de la peña Alberto Durán, animando ayer al torero de Villamor.
Miembros de la peña Alberto Durán, animando ayer al torero de Villamor.  Foto Arturo Delgado
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F. P., MADRID Plaza de Toros de las Ventas, decimonovena de Feria. Casi lleno en tarde muy calurosa con la presencia de numerosos zamoranos, entre los que estaban los de la peña de Alberto Durán.



Seis novillos de Ganadería de Guadaira de Sevilla: primero manso, descastado y flojo pitado en el arrastre, cuarto también manso y pitado, tercero y sexto sosos y sin clase, y segundo y quinto bravos y ovacionados en el arrastre.



Alberto Durán: ovación. Silencio.



Gómez del Pilar: Ovación con saludos. Oreja.



Damián Castaño: Aplausos. Aplausos



Destacaron el picador Juan Pablo Arribas en el segundo y los banderilleros David Adalid en el tercero y Fernando Sánchez en el quinto.



Qué razón encierra el refrán de que dos no riñen si uno no quiere en este mundo del toro. Eso es lo que le pasó ayer en Las Ventas al zamorano Alberto Durán que sorteó dos novillos con los que se estrelló a pesar de las ganas de triunfo y con los que le fue imposible el lucimiento: un primero descastado, manso y soso con el que el zamorano intentó todo pero le fue imposible dar una tanda que encendiera al público. El novillo no pasaba y todo lo tenía que poner el joven de Villamor. Cuando fue imposible realizar el toreo que le gusta de profundidad, clasicismo y torería, lo intentó con el del arrimón. Conectó valiente, aguantando impávido las coladas y las paradas en medio de la suerte del novillo.



Pero el defecto que ha tenido otras tardes con la espada, ayer lo superó con creces y a ese premio le recetó una estocada entera al encuentro que hizo rodar al novillo sin puntilla. Con el cuarto, un novillo de 501 kilos, que estaba en el tipo Jandilla y que parecía que podía servir, fue sin embargo más de lo mismo. Apenas pasaba, topaba con la muleta y siempre salía con la cabeza alta. Se cambió la franela a la mano izquierda y tampoco por ese lado pudo interpretar la suerte al natural porque el novillo se lo impidió.



Otra vez lo mejor fue la brevedad con la que se empleó con los aceros, con los que estuvo certero y aunque en esta ocasión cayó un poco desprendida sirvió para hacer doblar a su oponente. El madrileño Gómez del Pilar parecía que jugaba en su casa, todo se lo aplaudían desde que saludó a su primero con una larga de rodillas. Además contó con la suerte a su favor con dos novillos que era para ponerlos en su casa y estar jugando todo el día con ellos.



La verdad es que estuvo muy bullidor, más pendiente de las gradas que de la arena donde estaba el novillo al que tenía que torear. Con los dos estuvo variado y efectista con el capote, con verónicas, lotecinas, chicuelinas y todo tipo de pases con la capa. Inició su trasteo con las rodillas en tierra desde los medios y allí inmediatamente se echó la muleta a la mano derecha para desgranar lo mejor de la faena con dos series de mano baja y muy templada. Cuando cambió la muleta a la izquierda la faena bajó de intensidad porque tuvo enganchones y falta de temple (creo que por qué estaba más pendiente de componer la figura que de torear). Al final del trasteo volvió a levantar al público con unas pedrecinas rematadas con dos pases de pecho de pitón a rabo que fueron muy aplaudidas. Cuando tenía el trofeo ya en las manos, el mal uso de la espada dejó su premio en una ovación con saludos desde el tercio.



Con el quinto, un castaño número 64 de nombre «Hortensio», el mejor novillo hasta ahora de toda la Feria, y al que incomprensiblemente, le hurtaron la vuelta al ruedo al final de su vida, inició el trasteo con estatuarios para enseguida empezar a torear con la mano izquierda, en este caso pendiente de lo que el toro le pedía, por lo que surgiera las tres mejores series de toda la tarde con mano baja, lentitud y temple y que iban abrochadas con pases de pecho de gran profundidad.



Con la mano derecha bajó de intensidad la faena y volvió de nuevo a la izquierda para rematar con unos doblones por bajo flexionando la rodilla y un abaniqueo que conectó con el público que estaba entregado. Como mató mal, su premio quedó en una oreja.



El salmantino Damián Castaño se enfrentó a dos novillos que no dijeron nada y él tampoco lo supo vender, por lo que su actuación pasó desapercibida.


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