Entrevista en Magazine

´Yo quería ser Cruyff, no Robuchon´

Hace unas semanas el chef anunció que cerrará El Bulli durante dos años para transformarlo

 09:11  
Ferran Adrià.
Ferran Adrià. Carlos González Armesto.

CRISTINA JOLONCH Podría pasar inadvertido entre los inquilinos que suelen cruzarse con él en la escalera. Pero se han acostumbrado a ver su rostro en los diarios o en la tele. Saben que el discreto vecino del cuarto es, eso dicen, el mejor cocinero del mundo.

Adrià (l’Hospitalet de Llobregat, 1962) vive con Isabel Pérez, su mujer, en un apartamento de cincuenta metros cuadrados en un barrio corriente de Barcelona. Lo ocupan sólo la mitad del año en que El Bulli está cerrado. Aunque la mayor parte de su tiempo, cuando no está de viaje, transcurre muy cerca del mercado de la Boqueria, entre el taller que considera su segunda casa y el vecino Bulli Carme, un piso en el que se desarrollan parte de sus proyectos.

No viste ropa cara ni tiene coche. El hombre que ha revolucionado la cocina confiesa odiar cualquier aparato que pueda estropearse, casi tanto como tener que hacer el esfuerzo inútil de abrocharse unos zapatos con cordones. No es presumido y es capaz de aferrarse a una pieza de ropa durante años si le parece cómoda y le gusta.

“La gente piensa que porque haces cocina de vanguardia tienes que ser alguien extravagante, y nosotros somos normales.” Acostumbra a utilizar el plural para hablar del terreno personal, un plural en el que unas veces busca la complicidad de su esposa y otras la de su hermano, sus padres, su socio o su equipo.

Podría coleccionar pintura, o esculturas, incluso sofisticados utensilios de cocina. Pero él se ha dedicado a ir guardando los bolígrafos y los lápices de los hoteles a lo largo de sus viajes y posee una colección de más de 500. Confiesa que tiene un par de caprichos: viajar y comer bien. Y un principio vital: “No me gusta complicar la vida a nadie ni que me la compliquen. Aunque soy consciente de que se la he complicado a más de un padre que tendría otros sueños para su hijo y que ha tenido que aceptar que el chaval sea cocinero porque se ha fijado en mí”.

Su última ocurrencia, anunciar que cerraría dos años El Bulli para transformarlo y para tener más vida personal tras un cuarto de siglo de trabajo sin respiro, ha desencadenado una avalancha de llamadas telefónicas, de e-mails con propuestas de todo tipo y de innumerables peticiones de entrevistas. Eso sin contar los espontáneos que lo paran por la calle para pedirle que no se le ocurra retirarse. Su cabeza trabaja de día y de noche, y es ahí donde se está cocinando –sólo le falta un hervor– lo que será el futuro de ese rincón oculto en la cala Montjoi en el que, pase lo que pase, gobernará la creatividad.

Pero hoy no hablará de sus planes. Es viernes por la tarde y se acerca un fin de semana tranquilo, algo de lo que a partir de ahora espera disfrutar más a menudo el famoso cocinero. Ha decidido visitar a su madre, que ha estado enferma, y recorrer, junto a su padre, una ruta clave en el paisaje de su memoria: el campo de fútbol del Santa Eulàlia, en l’Hospitalet, donde jugó muchos años, y el bar Juan, al que después de los partidos solían ir a picar algo los domingos por la mañana.

“Mi único sueño era jugar en el Barça. Yo quería ser Cruyff, no Robuchon (el famoso chef), que yo ni siquiera sabía quién era. Y cuando, muchos años después, vino a El Bulli, fue un alivio descubrir que mi ídolo era una persona ingeniosa y con un gran sentido del humor.”

La decisión

Al viejo campo del Santa Eulàlia acaban de abrirle las tripas. Van a construir viviendas de protección oficial y nuevas instalaciones, incluido un nuevo campo de fútbol –una mejora para el barrio– con el que Adrià hubiese alucinado cuando era un crío que jugaba de centrocampista y lucía el número 6, como el barcelonista Xavi.

El cocinero ha entrado por última vez en los vestuarios antes de que la excavadora se lleve por delante sus paredes gastadas, el colgador y un montón de recuerdos. El peor, sin duda, el día en que quiso decidir si seguía trabajando –ya había empezado en la cocina– o se dedicaba de lleno al deporte. Tuvo la valentía de preguntar al entrenador si le parecía que podía llegar lejos como futbolista. Cuando este le contestó que como máximo a Tercera División (él estaba en Segunda Regional), se aferró a los pucheros. “Aquel día descubrí que en el ámbito profesional, aunque te esfuerces, no eres lo que a ti te parece sino lo que los demás piensan que eres.”

De niño tenía los amigos del fútbol y los del cole. Carbó y Fuertes. Luque, Pareja (de armas tomar) y Molina, pandilla rival. Y su inseparable Andrés Andreo. El mismo que un día, hace poco más de una década, se sorprendió al ver a Adrià fotografiado en un diario y convertido en alguien importante. “Lo llamé por teléfono –explica Andreo– y le dije: ‘¿Pero qué has hecho?’. Y antes de decirle quién era, él me respondió: ‘¿Qué pasa, capullo?’.” No consigue construir en su mente el personaje del mejor cocinero del mundo porque no le resulta creíble.

“Para mí siempre será Fernando. Mi mejor amigo, con el que hicimos montones de perrerías.” Le viene a la memoria la imagen del chaval que se compraba el pan en el horno y la mortadela en la charcutería para hacerse el bocata del recreo. Lo recuerda con el palo de regaliz en la boca o con los morros pringados por el chocolate del bollicao. “Yo siempre estaba en su casa. Su madre nos hacía un cocido muy bueno, y Fernando siempre acababa con algún chorretón en el suéter. Ya era un poco desastre con la ropa.”

Juntos pasaron tardes de cine bajo una alfombra de cáscaras de pipas, hicieron puntería en las vías del tren, se buscaron un trabajillo en la fábrica de Kas a cambio de llevarse a casa unas naranjadas. Recuerda Andrés que Fernando era serio, pero tenía sentido del humor. “Y era valiente. Una vez en que unos tipos intentaron robarnos les plantó cara sin pensarlo mientras yo iba a buscar ayuda de algún mayor.” Confiesa que llegó a llorar cuando su amigo pasó meses enfermo sin salir de casa. “Me faltaba mi otra mitad.”

  HEMEROTECA
  CONÓZCANOS:  CONTACTO |  LA OPINIÓN DE ZAMORA |  LOCALIZACIÓN Y DELEGACIONES |  PROMOCIONES    PUBLICIDAD:  TARIFAS |  AGENCIAS |  CONTRATAR  
laopiniondezamora.es es un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de laopiniondezamora.es. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 


  Aviso legal
  
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca | El Diari  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Provincia  |  La Nueva España  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad | Oscars | Premios Goya