MADRID, AGENCIAS
El Ministerio de Sanidad ha ordenado a los médicos que no prescriban el adelgazante «Reductil» a partir del 1 de febrero y a los farmacéuticos que no lo dispensen.
La Agencia Española de Medicamentos, que depende de Sanidad, ha suspendido la comercialización de «Reductil» al considerar que «el beneficio esperado no supera el potencial riesgo cardiovascular». El Comité de Medicamentos de Uso Humano de la Agencia Europea de Medicamentos ha concluido que, con la información disponible, «el balance beneficio-riesgo es desfavorable».
Ante esa situación, la Agencia Española ha advertido a los médicos que no deben prescribir «Reductil», iniciar nuevos tratamientos ni continuar los que están en curso y a los farmacéuticos que no dispensen ninguna prescripción de «Reductil» ni elaboren fórmulas magistrales con el principio activo del medicamento, la sibutramina.
Las sociedades españolas de Endocrinología y Nutrición y para el Estudio de la Obesidad difundieron ayer un comunicado dejando constancia de que el «Reductil» es un fármaco para el tratamiento de la obesidad usado desde hace diez años con todas las garantías de seguridad y eficacia. Dicho fármaco, subrayan, «ha contribuido positivamente al control de la obesidad de muchos pacientes». Por último, envían «un mensaje tranquilizador a la mayoría de los pacientes que hoy en día siguen tratamiento con sibutramina». «La posibilidad de padecer un episodio de enfermedad cardiovascular es remoto», han asegurado. Aunque la suspensión cautelar de la sibutramina ha sido motivada por unos recientes estudios que destacaban el riesgo cardiovascular de tomarla, las asociaciones de endocrinos han señalado que en dichos informes «se incluían pacientes con elevado riesgo cardiovascular», que no corresponden al tipo de pacientes para los que está autorizado este fármaco. En dicho estudio, tras seis años ininterrumpidos de tratamiento, los individuos que tomaron sibutramina presentaron un incremento del riesgo de padecer enfermedad cardiovascular (infarto de miocardio o ictus no mortal) en un 11,4 por ciento de los casos frente al 10,0 por ciento del grupo control tratado con placebo.