OVIEDO,AGENCIAS
El estado de salud del generalSabino Fernández Campo, conde de Latores, es crítico. Ingresado desde el pasado 12 de octubre en la clínica Rúber Internacional de Madrid, donde se le intervino de una oclusión intestinal, permanece desde entonces en la UVI. «Está en manos de Dios», declaró ayer su esposa, la escritora y periodista María Teresa Álvarez, que permanece a su lado.
A principios de la pasada semana parecía que Fernández Campo, de 91 años, podría recuperarse, pero una infección surgida el viernes, coincidiendo con el día de entrega de los premios «Príncipe de Asturias», hizo que su estado empeorara. La tarde de esa jornada, poco antes del comienzo del acto en el teatro Campoamor de Oviedo, los Príncipes de Asturias hablaron telefónicamente con María Teresa Álvarez, a la que transmitieron todo su cariño. Con posterioridad, ya en la ceremonia, don Felipe tuvo un afectuoso recuerdo para quien fuera secretario, primero, y más tarde jefe de la Casa del Rey, palabras aplaudidas por el público asistente. Fernández Campo fue junto a Graciano García uno de los principales impulsores de la Fundación Príncipe de Asturias.
Los Reyes siguen, día a día, la evolución de su estado y doña Sofía, que ha llamado en varias ocasiones a su esposa, le visitó un día por espacio de más de una hora, transmitiendo a ambos su cariño. Sabino Fernández Campo (Oviedo, 1918) es uno de los hombres clave en la historia de la transición española. Su papel durante el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, cuando ocupaba la secretaría general de la Casa del Rey, ya forma parte de la historia reciente de España. En marzo de 2007, el conde de Latores recibió un multitudinario homenaje en el Palacio de Congresos y Exposiciones de Madrid, al que asistieron unas setecientas personas. Don Juan Carlos, de quien Fernández Campo es consejero privado, estuvo representado por Alberto Aza, jefe de la Casa del Rey, quien entregó a Fernández Campo una carta del Monarca que el general leyó en voz alta. En ella, don Juan Carlos destacaba la «lealtad absoluta» del «buen militar» con quien había vivido «procesos difíciles» y «momentos históricos».