Cuarenta años después de los asesinatos perpetrados por la secta de Charles Manson, el nombre de este convicto, que aterrorizó a Hollywood y puso un final sangriento a la bohemia década de los 60, se sigue utilizando en EE UU como sinónimo de maldad.
La noche del 8 al 9 de agosto de 1969 un grupo sectario liderado por Manson, asaltó casa de la actriz Sharon Tate, de 26 años, y esposa del cineasta Roman Polanski, con el único objetivo de matar a quienes se encontraran en su interior. Las cuatro personas que estaban allí fueron maniatados y posteriormente acuchillados. Aquella jornada también murió el bebé que esperaban Polanski –ausente de viaje en Londres– y Tate, embarazada de ocho meses, a pesar de las súplicas de la actriz. Al día siguiente «La familia», nombre de la secta, perpetró otro brutal crimen.
En dos días estos asesinos asestaron 170 puñaladas a sus víctimas elegidas sin razón aparente de entre los ricos residentes de los barrios lujosos en Los Ángeles.
Aquellos incidentes simbolizaron en EE UU el final de una década marcada por los mensajes de paz y amor de movimiento hippy.