«La televisión de hoy en día es aburridísima»

Chicho ibáñez Serrador
Escritor, director teatral, actor, guionista, realizador y productor de cine y televisión

 01:04  

«Siempre me he reído de lo que he querido y sin inclinarme por ningún gobernante de España»

ÁNGELES CÁCERES Alicante
Chicho Ibáñez Serrador (Montevideo, 1935) se forjó en el teatro, en el que empezó a tomar parte a los 8 años. Llegó a España en 1947 y en 1951 debutó ya como actor, dedicándose también a televisión y a la radio, con programas que rápidamente acapararon el interés por su originalidad. En el suspense y el terror ha sido maestro máximo, aunque tal vez por lo que más se le recuerde, «tristemente», puntualiza, sea por el concurso televisivo «Un, dos, tres», líder de audiencia durante mucho tiempo.
– No le quitaré mucho tiempo, quiero hacerle una entrevista lo más cómoda posible.
–Yo estoy comodísimo, tómate el tiempo que quieras. Y si me haces una entrevista inteligente, lo que no es muy habitual, por mí que sea larguísima.
– Es que he oído que andaba usted algo cansado, perdone.
– Viejo, quieres decir. Pues sigo muy vivo y me sigue interesando todo. Eso sí, cuando me aburro se me nota y tal vez lo confundan con otra cosa. ¿Tú crees que estar sentado es para cansarse?
– Con su trayectoria de actor, guionista, director, escritor y mil campos más en los que ha sido número uno, ¿qué siente cuándo la gente lo identifica por el «Un, dos, tres»?
– Lo encuentro lógico. Tristemente lógico.
– Buena carga de profundidad.
– No importa, la mayoría de la gente prefiere quedarse en la superficie. En todo caso yo estoy contento del «Un, dos, tres»: sirvió para entretener a una España muy aburrida, a mí me dio para vivir, me lo pasé muy bien trabajando con aquellos magníficos equipos de profesionales.
– Nadie ha sabido pulsar las teclas del terror como usted, ¿cómo lo ha conseguido?
– Pues tal vez analizando lo que a mí me hubiera dado miedo, y pasándolo a vídeo o cine.
– Eso también suena profundo.
– Es la forma casi terapéutica de sacar a la luz esos terrores ocultos que todas las personas arrastramos. Y depende de la edad en que a mí me daban miedo unas cosas u otras
– Y como las sacaba todas, estaba seguro de aterrorizarnos a todos. ¿Sabe que a muchos sus «Historias para no dormir» nos siguen quitando el sueño treinta años después de verlas?
– De eso se trata: si tú vehiculizas el miedo en una fantasía, lo desplazas de la realidad y vives más libremente.
– Ser hijo de Narciso Ibáñez Menta y Pepita Serrador es un buen equipaje. ¿Qué ha supuesto en su carrera contar con un fuera de serie como su padre?
– Lo era. Era un fuera de serie: totalmente ha supuesto mucho, muchísimo. Entre otras cosas, yo he heredado de ellos la afición, no voy a decir el gusto porque no es el caso, por el suspense y el terror.
– Su obra «Aprobado en inocencia» se estrenó fuera, luego aquí e incluso se volvió a poner en cartel muchos años después. Cuénteme algo de lo que fue trabajar con su madre.
– Pues aquella obra supuso ante todo el que mi madre se convenciese de que su hijo podía escribir, porque hasta entonces no lo creyó. Lo reconoció en las palabras que dijo cuando la obra se estrenó en Mar del Plata hace cinco o seis siglos. Y luego, a partir de ahí, me tuvo… no quiero utilizar la palabra respeto, pero sí que por lo menos me escuchaba. Me tenía en cuenta, vamos.
– Es usted el paradigma del triunfador polifacético, ¿cómo se las ha arreglado para hacer tantas cosas distintas al mismo tiempo, y todas bien?
– Todas bien, no.
– ¿Y de cuáles se siente más orgulloso?
– Pues de aquéllas que hayan llegado con más precisión al público. Porque todo lo que yo he hecho, todo lo que yo he escrito, era para el público.
– En aquella España oscura, decirle al público lo que usted le decía no era fácil. En «Historias de la frivolidad», lo que usted hizo, con Franco vivito y coleando, era poner una pica en Flandes.
– Pero yo creo que es lo que había que hacer en aquel momento. Para empezar a abrir aunque fuera una rajita, una hendidura, en la coraza de aquella insoportable censura.
– ¿Y eso le trajo algún problema o los censores eran tan tontos que no se enteraban?
– Eran tan tontos.
– ¿Y cómo ve a esta España de ahora?
– Pues yo la veo democrática, la veo totalmente abierta y la veo completamente difícil al mismo tiempo. Ya que antes, cuando había conciencia de que existía la censura, existían unas barreras, unas cortinas, unos telones o como tú quieras llamarle, y el público buscaba. Entonces tú les ponías unas gotitas de cosa inteligente, cáustica, para que las encontrase. Hoy en día no vale la pena hacer esa pirueta.
– Hoy en día hay un modo de regreso a una especie de liberalismo casposo de la derecha más clásica con personajes como Cañizares, Rouco Varela, Mayor Oreja, Esperanza Aguirre… ¿Eso no le da un poco de miedo?
– No. No, en absoluto. No hay que hacerles caso. Y seguir.
– ¿Cómo se vive sin miedo?
– Respirando una gran libertad. Haciendo lo que a uno le guste de verdad hacer. ¿A usted le gustaría viajar? Pues viaje. ¿Cómo? Cogiendo un avión, o haciendo autoestop, o trabajando en un barco, o quedándose en casas de amigos. No es preciso ser rico, uno puede hacer lo que quiera si tiene claro lo que quiere; hasta tener una relación amorosa con la libertad, que es fundamental. Libertad, patria del hombre.
– Usted que ha hecho tanta televisión, ¿cómo ve la de ahora?
– ¡Aburridísima! Aburridísima.
– ¿Qué le han supuesto los reconocimientos y premios?
– Una palmada en la espalda. Sentir que no estoy equivocado por donde voy. El oír subconscientemente: sigue adelante.
– ¿Y cómo se plantea la vida en ese adelante, con su edad?
– De la misma manera que con quince años: no me la planteo. Ya vendrá. La vida, la muerte…
– Las Españas de Franco, de la Transición, de Suárez, de Felipe, de Aznar, de Zapatero y la que espera a Rajoy han pasado por Chicho Ibáñez Serrador como el rayo de sol por el cristal, sin romperlo ni mancharlo.
– Siempre me he reído de lo que he querido, sí. Y sin inclinarme por ninguno de la larga lista de señores que has dicho.
– Cambio de tercio: dígame unas palabras sobre el amor.
– Vale, recibido: esa pregunta era más propia para la recién extinta Corín Tellado. ¿Tú sabes lo que debe ser morirse y, justo antes de que tu espíritu se eleve del ataúd, dar una última mirada a tus estanterías y contemplar 50.512 títulos, que son los que escribió, preguntarte «bueno, y ahora qué han dicho de mí»… y haber un silencio? Solamente por el trabajo que ha supuesto escribir todo eso ya hay que felicitarla y aplaudir. Que sea el último aplauso por lo menos, que se lleve algo. Pobre.

  HEMEROTECA
  CONÓZCANOS:  CONTACTO |  LA OPINIÓN DE ZAMORA |  LOCALIZACIÓN Y DELEGACIONES |  PROMOCIONES    PUBLICIDAD:  TARIFAS |  AGENCIAS |  CONTRATAR  
laopiniondezamora.es es un producto de Editorial Prensa Ibérica
Queda terminantemente prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos ofrecidos a través de este medio, salvo autorización expresa de laopiniondezamora.es. Así mismo, queda prohibida toda reproducción a los efectos del artículo 32.1, párrafo segundo, Ley 23/2006 de la Propiedad intelectual.
 


  Aviso legal
  
  
Otros medios del grupo Editorial Prensa Ibérica
Diari de Girona  | Diario de Ibiza  | Diario de Mallorca | El Diari  | Empordà  | Faro de Vigo  | Información  | La Opinión A Coruña  |  La Opinión de Granada  |  La Opinión de Málaga  | La Opinión de Murcia  | La Opinión de Tenerife  | La Provincia  |  La Nueva España  | Levante-EMV  | Mallorca Zeitung  | Regió 7  | Superdeporte  | The Adelaide Review  | 97.7 La Radio  | Blog Mis-Recetas  | Euroresidentes  | Lotería de Navidad | Oscars | Premios Goya