EFE
El presidente de Expo Zaragoza 2008, quien asumió la dirección del proyecto en 2005, ha asegurado que se llegará a tiempo pero reconoce que la organización está en "permanente estrés" porque es "una obra absolutamente enloquecida que no nos ha dado ni un solo día de respiro desde el día que empezamos".
En estos días, en los que se han superado ya las fases críticas de las obras más complejas, como el pabellón puente sobre el Ebro de la arquitecta iraquí Zaha Haddid, Gistau afirma que trabajan "con la misma tensión que cuando faltaban dos años" para que abra sus puertas la muestra, el 14 de junio, con el lema "Agua y Desarrollo sostenible".
Según Gistau, la Expo, en la que trabajan unas 4.600 personas, es un proyecto "desmesurado" en cuanto a dimensiones y a la manera en que se la ha dotado de obras singulares de arquitectura "como no lo ha tenido ninguna Expo, de las que yo conozco por lo menos".
"Hay media docena de edificios que son de autor y eso complica mucho las cosas", reconoce este ingeniero oscense de Caminos, en alusión a las obras de Zaha Hadid, los pabellones de España, de Patxi Mangado, de Aragón, de Olano y Mendo, la Torre del Agua, el icono vertical de la muestra de 76 metros concebido por Enrique Teresa, o el Acuario Fluvial, de Álvaro Planchuelo.
No obstante y a pesar de toda esa complejidad, todo "se ha llevado mediante un procedimiento muy riguroso", con los correspondientes concursos públicos y periodos de exposición pública.
Esto ha permitido, hacer frente a previsibles "excentricidades" de los arquitectos, que han actuado de asesores de sus piezas pero ha sido la dirección de obra la que se ha encargado del cumplimiento de los plazos y los precios, precisa Gistau.
No ha tenido ningún problema especialmente grave como máximo responsable de toda la organización "salvo el propio proyecto, que es una locura", y del que le "preocupa todo todos los días".
Por ello, todavía no sabe si embarcarse en esta aventura ha merecido la pena: "el tiempo lo dirá" pero "de momento, no me siento satisfecho conmigo mismo porque cada día es un problema más".
El "rigor" con el que se está trabajando es lo que le hace mantener la seguridad de que todas las obras estarán terminadas en plazo en el recinto de la Expo, 25 hectáreas ubicadas en el meandro Ranillas del Ebro, en la que tendrán representación 102 países.
Gistau reconoce que todavía hay 35 países, a los que se les ha entregado su pabellón "en plazo y forma", que no han empezado a adecuar en sus espacios, aunque todos, salvo 7, se han comprometido a empezar a trabajar en marzo.
"El 13 de junio no quedará nada por hacer. Tenemos que abrir las puertas en condiciones y hay que acabar unos días antes porque hay que hacer pruebas", enfatiza el responsable de la Expo.
"Llegar es un reto que hemos asumido y vamos a cumplirlo" con todas las obras, incluso la del pabellón-puente de Haddid, cuya ejecución, en dos años y medio, ha supuesto todo "récord" del que "no hay precedentes en el mundo".
Y se terminará sin desfases económicos, ya que ni si quiera se superarán los deslizamientos previstos y su presupuesto se mantendrá dentro de los 720 millones de euros planificados, avanza Gistau.
La Expo ya tiene aseguradas la venta de entradas para 2,5 millones de visitas, la organización cuenta en la actualidad con 350 trabajadores, que se ampliarán a 2.300 durante la celebración de la Muestra, con motivo de la cual se han programado en la ciudad más de 4.000 espectáculos.
"El tiempo nos juzgará, haremos examen de conciencia de nuestras actuaciones, pero hemos trabajado con rigor y esas cosas se notan", concluye Gistau sobre la construcción de la Expo, que fue concedida a Zaragoza, el 16 de diciembre de 2004, por la Oficina Internacional de Exposiciones (BIE) en París.