EFE
El ministro compró las dos serpientes en la creencia de que le proporcionarían suerte y al macho le puso como nombre "Aumento de la fortuna en viernes", porque lo recibió ese día, y a la hembra "Sábado afortunado".
Pronto se dio cuenta que se negaban a comer y no supo que les ocurría hasta que un espíritu se le apareció al ministro y le indicó que lo correcto era casarles, según el citado rotativo.
Después de la ceremonia, que cumplió con todos los ritos de un matrimonio entre personas, salvo por el agape de pollos vivos con el que fueron agasajados los animales, los recién casados recuperaron el apetito y ahora viven felices, y velan por su dueño.