Mis dos grandes pasiones: La Verónica y la escuela

Comparto el orgullo de haber sido maestro con mi pasado como cargador y hermano honorífico de la imagen que más quiero

16.04.2017 | 03:50
Mis dos grandes pasiones: La Verónica y la escuela

A lo largo de toda mi vida, la Semana Santa y, más concretamente, La Verónica, están muy ligadas a la labor docente del ámbito rural de Zamora y Cantabria.

Así las cosas, en 1956, entré a formar parte de la Cofradía de Jesús Nazareno a la vez que en este mismo año tomaba posesión de mi primera escuela en la localidad de Saro de Villacarriedo en Cantabria.

Como integrante de la Congregación llevaba la emblemática túnica con emoción y orgullo, ya que mi santa madre me trasmitió el amor a la cofradía poniéndome como ejemplo a mi padre, Hermano Mayor de La Verónica y a su interés se debe la realización de la nueva mesa de esta imagen que llevó a cabo Gerardo Fernández Gastalver en el año 1935 por un costo de 1450 pesetas, según diseño de Cesáreo Pedrero. Me contaba mi madre que fue ella quien eligió el paso con los cuatro bajorrelieves que representan grupos fundamentales de la Congregación: Redención, La Caída, La Desnudez y la Elevación, entre otros varios bocetos presentados.

También en este año de 1956 comencé a ejercer en la escuela Nacional de Saro de Villacarriedo en plena zona de los pasiegos en Cantabria. La escuela era antigua como las de antes, carecía de material básico para la enseñanza y su construcción propia del ámbito rural de entonces, recuerdo que en la mesa del maestro se veía una esfera polvorienta donde podía leerse en el continente europeo "Imperio Austro-húngaro". Con habilidad conseguí del Ayuntamiento reparar tejado y ventanas, para que el invierno no fuera tan duro, de calefacción mejor no hablar?

Discurre el tiempo y en 1962 paso a formar parte de los hermanos de paso de La Verónica, éramos trece cargadores al mando de Julio Alonso (hijo) y ocupar el mismo banzo que había cargado mi padre me dio una sensación emotiva muy difícil de explicar. Cuando, por primera vez, contribuí a que La Verónica majestuosa se elevara hacia el cielo, fui consciente de la importancia y responsabilidad que tenía sobre mis hombros. Carecíamos de banda de música, que se oía a lo lejos, la que iba detrás del Cinco de Copas o La Caída y en los fondos se rezaba con fervor el Vía Crucis , junto con los hermanos de fila y como no participaban también las personas estacionadas en las aceras.

Era maravilloso ver la procesión subiendo la calle de San Torcuato con los pasos iluminados, las mesas pequeñas y donde el judío de la Crucifixión que tira de la cuerda parecía salirse de ella. La llegada a las Tres Cruces y la Reverencia me ponían un nudo en la garganta, no me podía creer lo que estaba viendo, desde entonces La Verónica transformó mi vida y en la actualidad mi amor y devoción hacia esta imagen se acrecienta cada vez más.

Volvamos amigos al apartado docente y en 1999 me jubilo de la vocación, que no de profesión de maestro. Los compañeros del CRA de Gema (Zamora) me ofrecieron una emotiva despedida que nunca olvidaré. Como tampoco olvidaré que en este mismo año pasé a ser hermano honorífico de La Verónica después de cerca de cuarenta años como cargador al cumplir la edad reglamentaria. No se me olvida cómo en el último fondo de la calle Barandales, antes de entrar al Museo, un hermano dijo: "-Esta levantada tiene que ser espectacular en honor a José que se jubila como cargador?". Yo, emocionado y con el corazón en vilo, dije en voz alta, como encargado de interior "Uno? dos? tres?" y como un resorte La Verónica se elevó hacia el cielo para escuchar lo que mi padre podría decirle desde él, y no pude menos de exclamar con voz entrecortada por la emoción "Gracias hermanos".

Desde entonces es mi deseo acompañar a La Verónica, cosa que llevo haciendo desde hace cincuenta y cuatro años, bien como cargador, como hermano honorífico, a ella se lo pido de corazón y también a los que tienen en una mano concederme este deseo.

Por todo lo expuesto solo me resta afirmar que estoy muy orgulloso de haber sido maestro, con mayúsculas, y contribuir a la educación y formación de los alumnos a mi cargo y también me siento, pero que muy orgulloso de haber sido cargador y ser ahora hermano honorífico de La Verónica, que después de los seres queridos con los que convivo, para mí lo es todo.

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