10 de abril de 2017
10.04.2017
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Semana Santa en Zamora: De la posguerra a la modernidad

Nacida al amparo del régimen franquista la Tercera Caída llega a los 75 años como una de las cofradías de estética más innovadora y atractiva para la juventud

11.04.2017 | 00:29
El Jesús Caído, de Quintín de Torre, desfila por Calvo Sotelo (El Riego) en los años 40.

El 16 de abril de 1942 se firma en el despacho del gobernador civil, Francisco Labadie Otermín el acta de constitución de la Hermandad de Jesús en su Tercera Caída con su primer presidente, Arcadio Rodríguez Cepeda, encabezando a un grupo de ex-combatientes de la gloriosa cruzada y entusiastas de la tradicional Semana Santa. Su objetivo, entre otros, "procurar que los lazos de sangre y honor que unen a los excombatientes sean tan íntimos como lo fueron durante la guerra, y dedicar un recuerdo constante y rendirle tributo merecido a los caídos en campo de batalla".

Julián Calvo, pregonero del 75 aniversario de la hermandad explica cómo desde un primer momento se propone el nombramiento honorífico de Franco, como posteriormente lo serían otras personalidades del régimen como Carlos Pinilla, José Antonio Girón o Millán Astray. Los cargos directivos imitan la administración municipal de los regimientos medievales, con hermano regidor (presidente), escribano, depositario, protocolario y síndicos.

Es la época del nacionalcatolicismo y los promotores consiguen organizar la primera procesión ya en 1943, con la figura prestada del Nazareno de la Caída de la Cofradía de Jesús Nazareno. Hasta encontrar su acomodo definitivo el lunes por la tarde la hermandad probó distintas ubicaciones dentro del calendario semanasantero, incluso llegó a hacerlo el jueves por la mañana, con poco éxito, explica José Luis Hernández, uno de los autores, junto con Juan Carlos Izquierdo y David Rivas del libro con la historia de los 75 años de la hermandad que se presentará después de Semana Santa. Lo mismo ocurrió con los itinerarios, que durante años tuvieron como referencias el Museo de Semana Santa, el monumento a los Caídos de la plaza de San Martín e incluso la Catedral, hasta llegar al itinerario de los últimos años, que sale de la Iglesia de San Lázaro, sube por el Riego y pasa por la Plaza Mayor.

La hermandad incorpora a Jesús Caído de Quintín de Torre en 1947, talla que se logra gracias al apoyo de Carlos Pinilla y de la propia Junta de Fomento de la Semana Santa, que adelanta las 20.000 pesetas que cuesta el paso. En 1957 se encarga en paso de La Despedida al escultor extremeño Enrique Aniano Pérez Comendador, gracias a la amistad que tenía con el gobernador civil, Juan Murillo y costeada de nuevo por Carlos Pinilla y José Antonio Girón de Velasco. El tercer paso, el de la Virgen de la Amargura es obra del escultor zamorano Ramón Abrantes, quien se decanta por un modelo de dolorosa tradicional castellana.

Además de las obras de los tres escultores mencionados, hay otro artista que deja su impronta en la Hermandad de la Tercera Caída, José Luis Alonso Coomonte, que entra en escena con una original mesa, totalmente rompedora, a la que popularmente se conoció como "la tanqueta". Son 16 cruces las que realiza para la hermandad, cuatro de ellas pectorales y además realiza otra obra original, la Corona de Espinas, hecha con arados, que data del año 1999. Antes, en 1987 concibe la Cruz de Yugos, hecha con yugos atados con sus propios correajes del arreo de los bueyes.

Con respecto al vestuario de la hermandad, originalmente negro, incorpora más tarde la capa blanca de raso, seguramente inspirada en las hermandades andaluzas, aunque José Luis Hernández nota cierta similitud con las que utilizan algunas órdenes militares. El emblema, sí, es casi un calco de la Cruz Laureada de San Fernando.

La cofradía fue pionera en la incorporación del grupo de clarines y tambores y en fechas más recientes, ya con el mandato de su actual presidente, José Fernández Nieto, introduce el coro con el canto de "La muerte no es el final", muy criticado inicialmente por sus connotaciones legionarias, pero ahora consolidado como uno de los momentos más emotivos de la Pasión.

Con el tardofranquismo y la llegada de la democracia la hermandad, como sucedió a otras cofradías, vive horas bajas, tanto a nivel institucional como económico y de hermanos. Incluso hay años en que se baraja seriamente salir con un solo paso por la escasez de hermanos para llenar las filas. Sin embargo poco a poco, especialmente a partir de la segunda mitad de los 90 la cofradía empieza a remontar y hoy en día supera los dos mil hermanos.

José Luis Hernández cree que además del acierto en la incorporación de novedades (la cofradía hizo de necesidad virtud), salva a la hermandad y la Semana Santa en general el hecho de convertirse en un elemento identitario: en un mundo globalizado cada vez es más importante la búsqueda de las raíces. La hermandad ha tenido tan solo seis presidentes en estos 75 años: Arcadio Rodríguez Cepeda, Carlos de Mesa Hariná, Adolfo Sobrino, Antonio Durán Juan, Juan Fernández Prieto y José Fernández Nieto. Eso sí, es una de las tres cofradías que aún no admite mujeres.

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