Opinión

INRI

Zamora canta al Jesús del madero, no al que anduvo en la mar

28.03.2016 | 00:59
Detalle del paso de La Sentencia, que desfila en la Semana Santa de Zamora.

El proceso al que la autoridad religiosa y política sometió a Jesucristo concluyó con su condena a la pena capital de la terrible crucifixión. Pero ¿cuál fue el delito o la causa que motivó tan terrible sentencia? Se ha de tener en cuenta según los testimonios de la época, que la crucifixión en Palestina, en los tiempos de Jesús de Nazareth, se penalizaba por motivos políticos. El título que Pilatos mando pone en la cruz INRI (Jesús Nazareno Rey de los Judíos), así lo aprueba. Además la tabla con la inscripción que se llevaba delante del condenado indica el delito por el que era llevado al Gólgota (lugar de las calaveras Calvario).

En la pena de muerte de Jesucristo cooperaron Caifás (máxima autoridad religiosa) y Pilatos (máxima autoridad política). El gobernador era el representante de la justicia y debía dar cuenta al emperador de todas las ejecuciones y penas de muerte. Este requisito era conocido por los dirigentes religiosos judíos, quienes con frecuencia enviaban delegaciones al gobernador de turno sobre presuntas violaciones de la ley religiosa judía. Esto sucedía de forma especial en los delitos contra el templo. Así cuando Jesús protesta de forma enérgica contra los mercaderes y cambistas de dinero y vendedores de animales para el sacrificio, provocó una protesta airada de los dirigentes judíos. Sin embargo esta acción en el templo y contra la profanación materialista del culto no fue suficiente para que le reprocharan de ser usurpador de los trono de los judíos.

Pilatos condenó a Jesucristo porque pensaba que ponía en peligro el orden público en la capital judía y en Palestina. Ante las autoridades religiosas Jesús era un blasfemo, el delito era religioso. El enfrentamiento con las autoridades religiosas fue significativo y constante en los últimos meses de su estancia en Jerusalén, como se deduce de las polémicas sobre el valor del sábado, la Ley y el mismo culto en el Templo. Los títulos mesiánicos de Jesús, especialmente el de Hijo de Dios, hicieron que la base de la condena para las autoridades judías fuera exclusivamente religiosa y no política. Así el proceso ante la máxima autoridad judía, el Sanedrín, tuvo motivaciones religiosas, pero no se pueden separar la religión y el poder político.

Por eso ante Pilatos los jefes religiosos judíos lo acusaron de oponerse al César, transformando la acusación de religiosa en política. Razón de Estado. Los jefes religiosos de los judíos acusaron a Jesucristo del delito grave de hostilidad contra el Pueblo Romano (Perderlo). Jesús por no ser ciudadano romano podía ser castigado con la muerte en la cruz por el carácter violento, espantoso y cruel que tal suplicio degradante al máximo suponía para el reo. No se puede conocer de qué fórmula se sirvió Pilatos para mandar crucificar a Jesucristo. Una vez condenado a muerte Jesús fue sometido a la flagelación, parte integrante de la crucifixión; se ejecutaba con el terrible flagellum, tan terrible tormento fue sancionado por César como grave delito de violación de ciudadanos romanos. La verdadera dimensión de la pena de muerte de la crucifixión es compleja. La mejor forma de penetrar en la misma es leer los relatos de la Pasión de los Evangelios que proporcionan un exhaustivo relato histórico-teológico de las últimas horas del Jesucristo antes de su Resurrección. La esencia del Kerigma Cristiano está en la proclamación de Jesucristo muerto y resucitado. Prueba absoluta de la Misericordia Divina. La famosa película de Mel Gibson sobre la Pasión de Cristo que tanto revuelo armó entre los intelectuales progres con manifiestas fobias anticristianas escandalizados del realismo sangriento de algunas secuencias, es una pálida ficción de los hechos históricos. La apuesta del papa Francisco por erradicar la pena de muerte de las legislaciones de los países no perece tener ningún resultado cuando se trata de los cristianos en pleno siglo XXI crucificados por extremismos fanáticos blasfemos, ante el silencio cómplice de algunos países.

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