Crónica

El dolor compartido con Nuestra Madre

Miles de personas acompañan al Santo Cristo, la imagen de Ramón Álvarez, y a la Virgen de las Espadas en el desfile de las Angustias

28.03.2016 | 00:59
El dolor compartido con Nuestra Madre

Mientras que los hermanos de túnica se colocan en la Costanilla y las hermanas de tulipa hacía lo mismo en la calle Quebrantahuesos, los cofrades de acerca intentaban hacerse un hueco, sobre todo, en las primeras calles del recorrido para poder contemplar la procesión de la Cofradía de Nuestra Madre de las Angustias en una noche con una temperatura agradable.

La antepenúltima procesión de la Semana Santa estaba a punto de salir de la iglesia de San Vicente, por donde, a lo largo de la tarde, cientos de personas pasaron para rezar ante las imágenes el Santo Cristo, Nuestra Madre y la Virgen de las Espadas ya preparadas para desfilar.

Los tambores de apertura anunciaban a los zamoranos y los muchos turistas que la última de las procesiones del Viernes Santo se aproximaba. El cortejo lo encabezaba el grupo de cornetas y tambores, el Barandales acompañado de la cruz guía y un estandarte de la Cofradía con hermanos de túnica distribuidos en tres filas. Entre ellos llamaba la atención la presencia de varios bebés en brazos de sus progenitores. "¡Con lo pequeños que son y ya salen!", comentaba una señora.

Pocos metros separaban el corbatín de hermanamiento de la cofradía capitalina con su homónima de El Perdigón del primer paso, el Santo Cristo. Este crucificado, al que el que el pregonero de este año Luis Felipe Delgado de Castro ha pedido rebautizarlo como el Cristo de la Misericordia al celebrarse este año el Año Jubilar de la Misericordia, avanzaba al ritmo marcado por cerca de una veintena de tambores.

Los hermanos de túnica dieron paso a las hermanas de tulipa que acompañan a Nuestra Madre. El bello estandarte de la coronación anunciaba su llegada con Mater Mea, tocado por la Banda de Música de Zamora. La Virgen con su hijo muerto en el regado compartía su dolor con Zamora. "¡Qué bonita está con esta la corona!", decía una devota en referencia a la joya que la imagen estrenó en su coronación canónica en la Catedral, mientras que los destellos de los flashes de los móviles rompían el silencio.

El incienso precedió a la Virgen de las Espadas, que iba escoltada por agentes de la Guardia Civil por las calles de la ciudad. El Riego dio paso a Santa Clara y Sagasta para luego adentrarse la procesión en la parte histórica de la ciudad. Rúa de los Notarios, las Damas, Santa María La Nueva hacia la Plaza Mayor donde los hermanos de túnica que acompañaban al Santo Cristo aguardaron la llegada de Nuestra Madre y de la Virgen de las Espadas a cuya llegada se entonó el Stabat Mater y posteriormente la Salve.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine