Adiós a la Semana Santa 2016, bienvenida la del 2017

Acaba la Pasión y los jóvenes se ven obligados a irse de Zamora al no tener trabajo y los pueblos siguen despoblándose

28.03.2016 | 00:59
Adiós a la Semana Santa 2016, bienvenida la del 2017

Igual que llega se va, decía un amigo mío, de los muchos que se ausenta cuando se aproximaba el Domingo de Resurrección. El trabajo llama. Y claro. A emigrar por desgracia. Tenemos una gran Semana Santa, pero precisamos puestos de trabajo. Que la juventud se quede, que los pueblos no queden vacíos, que... ¡tantas cosas!

Adiós a la Semana Santa 2016. Confieso que siempre me entra cierta melancolía cuando la Virgen y el Cristo Resucitado pasan el umbral que accede al templo de Santa María la Nueva. Pienso que es una Semana Santa más, una Semana Santa menos. Es la vida misma. Menos mal que en siete días hay fiesta en el Cristo de Valderrey. Pero cierta pena, recuerdos, vivencias y nostalgias, de estas muchas, se acumulan en mí.

He vivido intensamente esta semana, con la pena de no tener a mi lado a seres queridos, con la ausencia de cinco años de mi querida y siempre añorada esposa -¡Dios mío, el tiempo corre muy deprisa, demasiado!- pero el apoyo de una gran familia, de mis dos hijas, Carmen y Laura, y de mis nietos: Alba, Paula y Víctor. Y mis sobrinas Enma y Valle. Los adoro a todos.

A lo que iba, que mi mente se estaba desviando. Día hoy el de las despedidas. El oír hasta el año que viene. El abrazo del amigo que emigra. Y así otro año. Y todo igual al del pasado 2015. Zamora necesita despegar, salir de su situación actual. Hay que exigir a las autoridades -en este caso no me agrada llamar a nadie por el término de político-, a todas las instituciones, la local, autonómica y nacional, a todas sin ninguna excepción sean del color político actual de cada una.

Una Semana Santa que ha marcado una nueva época, ahora, además de carácter internacional ha sido declarada BIC (Bien de Interés Cultural). Esto obliga, entre otras muchas cosas, a redoblar trabajos y esfuerzos. Otra absurda y asquerosa madrugada del Viernes Santo con la incultura del botellón, dejando las inmediaciones de San Martín sumidas con más de dos toneladas de basura. Pienso que nuestra sociedad está enferma. Mal vamos, y lo digo desde mi óptica veterana y con canas.

Y al llegar el Cristo a la altura del mítico establecimiento de García Casado, al lado del Restaurante Serafín, sonará el último Thalberg. Es ya clásico. Modestia aparte es un pequeño homenaje hacia mi modesta persona. "Tranquilo, que sonará donde siempre" me dice todos los años el bueno y emprendedor de Álvaro, director de la banda de música "Maestro Nacor Blanco". Me entra la pena, la morriña junto a la familia que vamos en la fila. Y alguna lágrima se escapará, seguro.

Concluida la procesión del Resucitado -esperemos que el tiempo acompañe y las salvas de escopetas suenen a gloria resucitada- bajaremos por Balborraz al son de la dulzaina y pensaremos en el fin de semana con la romería de Valderrey. Y seguro que los medios informativos rodearán al currante presidente de la Junta Pro-Semana Santa, Antonio Martín Alén, para pedirle el habitual resumen-balance de la semana y se le preguntará cómo van las gestiones para la futura ampliación o nuevo museo.

Azehos (Asociación Zamorana de los Empresarios de Hostelería) hará el suyo. Que si la ocupación hotelera, que si restaurantes y bares. Colaboraciones de la hostelería a título particular las hay, no todas las que se precisara, y falta mucho más por parte de la propia Azehos. He dicho.

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