Opinión

Francisco Somoza: A propósito del nuevo Museo

Debemos exigir a las instituciones que sean ambiciosas con el proyecto y "justas" con esta ciudad

25.03.2016 | 17:06

Construir un museo es siempre un objetivo común y por tanto debe ser el fruto de un empeño colectivo, porque un museo es en primer lugar una "Institución dedicada a la adquisición, conservación, estudio y exposición de objetos de valor relacionados con la ciencia y el arte o de objetos culturalmente importantes para el desarrollo de los conocimientos humanos". Pero, por otra parte, un museo, como cualquier otra dotación comunitaria, debe de asumir la correspondiente responsabilidad en la construcción de la ciudad. Debe de plantearse como un elemento, que más allá de su función primera, genere orden, y logre reequilibrar y dignificar el sector urbano en el que se ubique.

Si a la vez se actuara sobre un edificio interesante desde el punto de vista histórico o arquitectónico, se lograría un bien mayor, miel sobre hojuelas.

Pensar en un nuevo museo exige de forma inexorable reflexionar sobre la elección del sitio. Si en todas las ciudades esta es una cuestión importante, en la nuestra es absolutamente trascendente.

La forma de crecimiento de Zamora, de oeste a este, provoca un desplazamiento constante del centro urbano, por lo que los sectores más antiguos en los que se conserva gran parte de los edificios que constituyen el patrimonio histórico, se van convirtiendo, paulatinamente, en periferia. A este fenómeno hay que añadirle la inadecuada conexión con los barrios en los que las dotaciones comunitarias brillan por su ausencia.

El lugar, por lo tanto, debe elegirse en función de criterios que consideren los efectos que se derivan de la construcción de un edificio con una gran capacidad de atracción y, consecuentemente, de revitalización del entorno urbano en el que se ubique.

Por otra parte, el futuro Museo debe ser un espacio atractivo y sugerente, que proponga una estructura expositiva dinámica, que no cause el habitual efecto de visto una vez, visto para siempre. Un espacio diverso con capacidad para transformarse y que más allá de exponer las piezas que conforman la colección sea capaz de transmitir las sensaciones que la Semana Santa provoca en la calle. Un lugar con la sencillez necesaria que permita la exposición de las imágenes sin competir con ellas, y al mismo tiempo, con la complejidad suficiente para responder a todos los requerimientos que a una obra de estas características e importancia, se le debe de exigir.

El Museo debe rendir homenaje a todos aquellos que lo hicieron posible, a los fundadores, a los que han preservado las costumbres, a los artistas, escultores, pintores, tallistas, carpinteros y al resto de los artesanos que con su talento y con su esfuerzo han contribuido a la creación de un patrimonio artístico y emocional de valor indiscutible.

El edificio debería llevar asociado un centro nacional de estudios sobre el arte religioso y de restauración que aumentara su dimensión y su importancia y permitiera coadyuvar a su divulgación y mantenimiento.

No debemos pensar en construir un edificio a la medida de nuestra ciudad y de las actuales necesidades, hay que plantear un museo que haga esta ciudad más grande, que sea noticia, desde el mismo momento en que empecemos a pensar en él y que una vez construido, lo sea permanentemente, contribuyendo a la divulgación de esta ciudad increíble.

Para conseguirlo, debemos ser ambiciosos y exigir a los responsables de las instituciones que también lo sean. Que sean ambiciosos en el planteamiento y generosos, o mejor dicho, justos con esta ciudad que tanto lo merece.

Para conseguirlo, no hay que perder tiempo, hay que definir claramente el objetivo, elegir pronto un sitio adecuado para su construcción, teniendo en cuenta la responsabilidad que la decisión tiene en la construcción, la forma y el funcionamiento de la ciudad y dotar los presupuestos necesarios para llevarlo a cabo, esto sin olvidar, que como es popularmente sabido "lo barato sale caro" y que economizar los recursos no es gastar poco, sino gastar bien.

Y una vez que se tenga claro el contenido, el lugar y la disponibilidad presupuestaria, sería aconsejable convocar un concurso entre algunos de los mejores arquitectos del mundo, sí, del mundo, para que en el peor de los casos "el fallo del jurado" sea un acierto.

Y no olvidemos que un museo es, sobre todo, "Hogar de las Musas", donde habitan la poesía, la historia, la música ?

(*) Arquitecto

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