Caramanzana insta a cuidar la estética de la Pasión zamorana, "una gran ópera"

El pregonero destaca de la celebración su antigüedad y la sobriedad, en la que "no caben muchos dorados ni brillos, ni vítores ni aplausos"

16.03.2016 | 01:30
Jesús María Caramanzana pregona la Semana de Pasión en el foro.

Recuerdos, vivencias y sensaciones. El pregonero de la Semana Santa del foro del periódico, Jesús María Caramanzana Carrera, echó la vista atrás para trasladar al público a cada uno de los intensos momentos que proporcionan la comunión de los pasos con las calles de la Zamora románica. "Una gran ópera, un arte total en entera conjunción", "con la música de las bandas (...), con el característico olor a sopas de ajo, a azúcar quemado de las almendras garrapiñadas, a aguardiente, mistela y vino de Toro, al chocolate de Vezdemarbán, al suave anisado de las aceitadas y al incienso". Caramanzana, que instó a "estudiar cómo hacer sostenible nuestra Semana Santa, no solo económicamente, sino, sobre todo, estéticamente". Fue describiendo lo característico de cada cofradía zamorana, bien estudiadas desde su cámara y rastreando en archivos históricos durante su amplia trayectoria profesional como realizador y productor de audiovisuales, para armar documentales y publicaciones.

Esa puesta en escena, "tan grande y única" se convertiría en objeto de sus numerosos trabajos, dedicación que, según indicó en el foro celebrado en el Colegio Universitario, le ha llevado a profundizar en la de Bercianos de Aliste, Manganeses de la Lampreana, Villarrín de Campos, "en busca de lo auténtico", como le dijera la fotógrafa, "quizá la más grande de España, reconocida en el extranjero", Cristina García Rodero cuando coincidieron en la procesión de la Carrera.

La sobriedad, la perfecta estética, el respeto y el silencio que acompaña a los pasos en sus recorridos ensalzan la Pasión zamorana, "no caben muchos dorados ni brillos en esta semana santa por no romper la magia, no cabe nada que pueda alejar a Cristo de su pueblo", subrayó. "No caben las grandes y pesadas esculturas, tienen que ser ligeras para poder darles aire al ritmo de las marchas, no caben aplausos ni vítores. La Semana Santa de Zamora no es un museo de escultura en la calle, es la pasión de Cristo hombre en las calles, movimiento, emoción y sentimiento. Esto no se da en ningún otro sitio y hay que cuidarlo", como "esencia objetiva de nuestra celebración".

Caramanzana incidió en el extraordinario valor que tiene por "la antigüedad", sus raíces se entierran en los siglos XVI y XVII, cuando "se fundó el tronco fundamental". "Y eso hay que hacerlo saber, que se está viendo algo que viene de 400 o 500 años atrás, gusta al visitante" y los lugareños "honran a sus antepasados", reprendió a quienes comparan con la de Sevilla esta Pasión, admirada también por los andaluces, que "cuando uno dice que es de Zamora se desviven en elogios y preguntas".

La vida que cobran los conjuntos escultóricos a hombros, el "efecto de que caminan, hablan, se mueven y, junto con la música, los sonidos y los olores", también estuvo presente en el texto con la descripción de las "mesas procesionales que hacen anónimos a los cargadores (...), ofreciendo una imagen exenta del paso, algo como si fuera mágico". La parte más prosaica de la celebración, el botellón, ocupó parte del pregón, Caramanzana instó al entendimiento, "en qué momento se nos olvida nuestra juventud y nos convertimos en perfectos", recordó que prohibir a la juventud es ponerle puertas al campo" y que "los chavales de hoy son los turistas y cofrades de mañana".

El foro contó con la actuación musical del grupo Ensamble Art Nouveau, dirigido por Rebeca Temprano.

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