Pillados ´in fraganti´

Los conservacionistas piden «la inhabilitación para la gestión cinegética» para un vecino de Morales y otros cazadores denunciados por matar tres lobos en Valladolid

 
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Un lobo atisba con sumo interés los horizontes  

J. A. GARCÍA. Las armas tronaron asesinas en la mañana del 29 de noviembre sobre un maizal de Villavieja del Cerro (Valladolid). Y lo hicieron contraviniendo las reglas porque sonaron bajo un espeso mantón de niebla y de una forma indiscriminada sobre cuantos lobos, jabalíes y zorros trataron de escapar de la lluvia de plomo vomitada por la especializada cuadrilla de cazadores, todos ellos sobradamente conocidos en el mundo cinegético.
Formaban la guerrilla, entre otros, un director de Caja España, alcaldes de municipios pequeños, un perrero de acreditada fama y galardonado por sus éxitos en concursos nacionales, y un zamorano arrendatario de cotos, redactor de planes cinegético, responsable de una sociedad de gestión de caza y, además, guarda de campo. Y por si fuera poco, gran solicitante de aguardos al lobo. Hombres que defienden la caza en todos los tablaos como un deporte, e incluso como la mejor fórmula para la conservación de las especies, fueron los que, sin saberlo, perpetraron la escabechina montera sobre un escenario vigilado por adscritos a la Asociación para la Conservación y el Estudio del Lobo Ibérico (Ascel) que seguían de cerca la vida de los cánidos que aquella mañana sufrieron una letal encerrona.
Sucedió que un joven, que prefiere no aparecer en los medios por temor a esta clase de cazadores, «estaba en la zona haciendo espera fotográfica, pero se le olvidó la red de camuflaje y, cuando regresó de nuevo al campo, no salió de su asombro al ver diversos todoterrenos por la zona», así como a hombres equipados de arriba a abajo para la cerrar una jornada de caza de alto voltaje.
«Oye, que están los coches desplegados y están batiendo el maizal» avisó a José Luis Barrientos cuando observó el percal. Rápidamente se dio aviso a los forestales que, cumpliendo sin demora con su misión, se personaron en el campo de batalla y comenzaron a pedir la documentación. Fueron momentos de tensión y revuelo porque el acontecimiento dejó de brillar por el fuego y las piezas a brillar por el nombre y el cargo de los portadores de los rifles. «Los forestales miraron el maizal y no vieron nada. Un jabalí o un zorro». Fueron los propios conservacionistas quienes sospechando que aquella selecta montería no podía saldarse con resultados tan pobres comenzaron a recorrer el maizal para, sin tardanza, comenzar a observar rastros de sangre y, por aquí y por allá, la muerte de animales. Tres lobos (un macho, una hembra y una cría), tres jabalíes y tres zorros fueron las comprobaciones de ese día, luego apareció un jabalí más; pero los estudiosos están convencidos de que la siega bajo la niebla también se llevó por delante otro lobo.
Integrantes del colectivo estudioso y conservacionista denostaban ayer el comportamiento de este tipo de cazadores y piden que los imputados en las posibles infracciones «sean inhabilitados para el ejercicio de la caza, para la representación de organismos relacionados con la caza e incluso para todo lo que tenga relación con la gestión cinegética».
El cazador zamorano envuelto en esta cuadrilla de pillados in fraganti en tierras vallisoletanas es el responsable de una sociedad de gestión cinegética y su nombre aparece ligado a la gestión de varios cotos. También tiene su peso en la Federación de Caza en asuntos de caza mayor. La importancia de los denunciados es para los conservacionistas un ejemplo de la turbiedad que existe en el sector de la caza, de ahí que pidan sanciones firmes para los imputados.
La caza del lobo alcanzó en la provincia de Zamora unos niveles que asombraron a propios y extraños cuando, tras las pujas de Villardeciervos, la pieza rebasó todos los listones. Entonces Medio Ambiente sacó a relucir unas normas para la concesión de autorizaciones para la caza del depredador en aguardo. Entre otras condiciones, se impuso el requisito «imprescindible» de que el coto contara, al menos durante el periodo hábil de caza, con guardas particulares de campo o personal de vigilancia de caza debidamente reglamentado. Y ahí tenemos al susodicho guarda de campo siendo también el solicitante. Además, en su partes de resultados, aparece reseñada la observación siguiente: «se le avistó varias veces (al lobo) sin poder entrarle». Es por ello que se solicita una nueva autorización.
Fuentes del Servicio de la Guardería Medioambiental criticaban ayer la manga ancha que existe a la hora de conceder los precintos y el escaso valor existente en planes cinegéticos elaborados «a base de copiar y pegar en el ordenador», planes que marcan las directrices «sobre la carga de fauna y sobre la presión cinegética, y que dicen lo que puede cazarse». De hecho, no han faltado sonoros fiascos en la zona del Tera porque, sin mayores comprobaciones, se han arrendado cotos con unos planes cinegéticos inflados y sobrecargados de reses.

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