Una tragedia que conmociona a la capital

Los piragüistas intentan asimilar «que no son responsables» del fallecimiento del bombero

El presidente del Club declara que «todos estamos inmensamente dolidos» por el suceso y los adolescentes «tremendamente impactados y afectados»

 
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SUSANA ARIZAGA. Localizar y hablar con los tres adolescentes piragüistas, dos cadetes y un juvenil del Club Fluvial de Villaralbo, resultó ayer tarea imposible. «Tremendamente impactados y afectados» por el «terrible» suceso acaecido el sábado, tras el fallecimiento de uno de los bomberos que les salvó la vida. Tratan de asimilar que no son culpables, «intentamos que comprendan que no son responsables». Que el azar convirtió lo que debía ser un servicio casi rutinario, «un incidente», en una trampa mortal, «en una tragedia» para Luis Angel Puente Román, explicaba ayer Carlos Barbero Luelmo.
El presidente del Club remarcaba que «todos estamos inmensamente dolidos y no podemos expresar con palabras nuestro agradecimiento». Y a renglón seguido, solicitaba comprensión para unos chavales que simplemente entrenaban, como tantas otras veces, ajenos al drama que se avecinaba.
A su temprana edad, con edades entre los 15 y 16 años, han pasado por «una experiencia traumática», después de haber vivido «momentos muy difíciles» el día del accidente. Permanecieron agarrados al azud en el que sufrieron el percance durante una hora y media. El monitor que les acompañaba, «al ver que no podían salir, entró al agua para indicarles cómo sujetarse y actuar hasta que llegara» la ayuda solicitada al servicio de emergencias del 112, añade Barbero Luelmo. Incluso fue el último en salir del río Duero, en la zona denominada Valcuevo, situada entre Villaralbo y Villalazán. Para los integrantes del Club este «es también mi propio héroe porque supo indicarles a los niños, conservar la sangre fría necesaria para mantenerles agarrados al azud». Los tres adolescentes habían tratado de salir del agua por sus propios medios pero no pudieron porque «había corriente hacia abajo, y si tiraban por el otro lado les cogía el "rebufo"», el remolino, aclara un consternado presidente de la Federación de Piragüismo de Castilla y León, Juan José Román Mangas. El agua cubría a los piragüistas por la cintura y la especie de repisa que forma la pequeña presa les sirvió para fijar sus pies. Con las manos se agarraban a la parte de arriba, explicaca ayer el concejal de Participación Ciudadana, Francisco Javier González.
Cuando los cinco bomberos de Zamora capital llegaron al lugar del accidente, trataron de rescatar a los tres muchachos con la lancha zodiac, pero la tarea resultaba muy dificultosa, a decir de los compañeros de Luis Angel, incinerado ayer tras la vigilia celebrada en la iglesia de San Torcuato, previa al funeral que tendrá lugar hoy a las 18.30 horas.
Pero fue el bombero fallecido quien propuso realizar el rescate con la cuerda, con la "guía de vida", una cuerda a la que se sujeta el profesional para ir cogiendo a las personas en apuros y sacarlas del río con la ayuda del resto de los compañeros, que van tirando de la cuerda hacia la orilla del cauce. Así entró Luis Angel al Duero. Para entonces los niños estaban agotados, tenían ya síntomas de hipotermia. Uno de ellos estaba desfallecido. Cuando el bombero llegó a su altura, al comprobar las dificultades que tenía, aseguró su posición y decidió quitarse la cuerda y atársela al piragüistas. «Tuvo que ver claro que no había riesgo porque era muy prudente», indican. Era experto en rescates en el agua: fue uno de los fundadores de la Asociación Gebocyl, embrión del grupo de rescate de la Junta (integrantes de la misma acudieron ayer al velatorio). En décimas de segundo Luis Angel perdió el equilibrio y el "rebufo" se lo tragó. Sus compañeros trataron de sacarle del agua con vida. Aellos se unió un bombero que estaba pasando su día libre en Villaralbo y se acercó al lugar por curiosidad. «Pudieron haber muerto más compañeros», declaraba un bombero. El chaleco salvavidas pudo impedir a Luis Angel, un buen nadador, sortear el remolino al impedirle salir hacia abajo. Ayer se comentaba que unas obras próximas a la zona pudieron influir en la crecida del río.

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