CARLOS GIL.
Un veinte por ciento de las 600.000 parejas estériles en nuestro país no recurre a la fecundación in vitro por motivos éticos o morales. La fecundación fuera del útero y el destino de los embriones sobrantes les impiden moralmente someterse a esta técnica. Sin embargo, una "versión" más corta de la fecundación in vitro, permitirá a estas parejas tener un embarazo más natural, porque el embrión se formará en el propio útero de la mujer, no en el laboratorio, y no habrá embriones sobrantes.
La transferencia de gametos es una técnica que está a mitad de camino entre la inseminación artificial y la fecundación in vitro, que ha sido revisada y llevada a la práctica con éxito por el ginecólogo zamorano Alfonso de la Fuente, director del Instituto Europeo de Fertilidad de Madrid y su equipo. En la inseminación artificial se depositan los espermatozoides en el interior del útero para que penetren en el óvulo y lo fecunden; «pero es una técnica con resultados limitados, solo se consigue un 12% de éxitos por ciclo». En la técnica in vitro (FIV) la fecundación se realiza en el laboratorio, se extraen óvulos de la mujer por punción a través de la vagina y se fecundan con los espermatozoides del varón en el laboratorio. Pasados unos días, los embriones (por lo general dos) se depositan en el útero materno. Los embriones sobrantes se crioconservan (congelan) en los bancos autorizados por un máximo de 5 años. Es la técnica más utilizada por las parejas (o mujeres solas) con trastornos de la fertilidad, ya sea de hombre o de mujer o de ambos (obstrucción de las trompas de Falopio, endometriosis, esterilidad masculina, esterilidad de origen desconocido, alteraciones de la ovulación o edad avanzada, entre otras). La tasa media de embarazos con la fecundación in vitro es aproximadamente de un 45%.
«Con la técnica de transferencia de gametos (el gameto femenino es el óvulo y el gameto masculino es el espermatozoide) lo que hacemos es extraer los óvulos y, a las pocas horas, transferirlos junto con los espermatozoides al útero materno, sin esperar a que hayan fecundado. El embrión se forma dentro de la mujer», señala De la Fuente, con más de 15 años de experiencia en técnicas de reproducción asistida. «Los pasos a seguir son los mismos que en una fecundación in vitro, preparando a la mujer mediante una estimulación de la ovulación. La finalidad es obtener el desarrollo de varios folículos, en cuyo interior se encuentran los óvulos. Este proceso se controla mediante ecografías vaginales que informan del número y tamaño de los folículos en desarrollo. Los óvulos se extraen mediante punción de los ovarios y aspiración de los folículos, bajo visión ecográfica y por vía vaginal. La intervención es realizada en régimen ambulatorio y requiere una sedación anestésica.
«Es más natural, pero con menor porcentaje de éxito que la técnica in vitro»
«Una vez obtenidos los óvulos, se preparan y clasifican en el laboratorio. Se seleccionan los espermatozoides más adecuados. Se cultivan en el laboratorio conjuntamente en condiciones favorables, durante unas horas y a continuación se transfieren los espermatozoides capacitados con tres ovocitos a la cavidad uterina», esperando a que se produzca la fertilización y la implantación del embrión. Es un proceso, explica el doctor «más natural, con unos resultados no tan buenos como en la fecundación in vitro tradicional, pero mayores que en la inseminación artificial. Están en torno al 28-29% de éxitos. También es una técnica más económica, en torno a un 30-35% menos que la FIV, porque la parte de laboratorio, la más cara, se acorta mucho más».
Hace unos años, indica el ginecólogo «se utilizó una técnica parecida, pero en lugar de transferir los gametos al útero, se transferían a la trompa de Falopio, donde en condiciones normales ocurre la fecundación de óvulo y espermatozoide. Se pensaba que de esta forma se favorecería el embarazo, pero se abandonó porque requería una intervención quirúrgica más compleja para la mujer y los resultados no eran relevantes».
La transferencia de gametos se destaca, dice Alfonso de la Fuente como «una alternativa más para las parejas que no pueden tener hijos y no aceptan las condiciones éticas que plantea la fecundación in vitro, como pueden ser la congelación embrionaria o fecundación extracorporal; o en las que han fracasado varios intentos de FIV (fallo repetido de implantación)». El 80 % de las gestaciones se obtienen en los tres primeros ciclos. Hay muchos factores que condicionan la consecución definitiva de un embarazo.