Los nuevos shandys
 
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MARIO CRESPO. Todos hemos participado alguna vez de la rumorología urbana. Todos hemos oído alguna que otra leyenda, chisme, o mito callejero. Historias simples que comienzan en un dato y acaban en una historia. De boca en boca, cada oyente lo transforma a su modo al volverlo a contar. Realidad o ficción, este tipo de historias, cuando no son mal intencionadas, provocan que la imaginación aflore.
"Historia abreviada de la literatura portátil" es el título de una novela del barcelonés Enrique Vila-Matas en la que, partiendo de ciertos rumores y enlazándolos a conveniencia con ciertos textos existentes, narra con voluntaria fantasía dadaísta la creación, desarrollo y muerte de una supuesta sociedad secreta que se conoció con el nombre de shandy. La ficción sobre la conspiración shandy indica que este grupo nació en 1924 como producto de una serie de casualidades, equívocos y malas interpretaciones, y que estaba formada por algunos de los artistas más célebres del momento. Marcel Duchamp, Georgia O´Keefe, García Lorca, Alberto Savino, Scott Fitzgerald, o Walter Benjamín, fueron algunas de las supuestas cabezas visibles del grupo. Para pertenecer a la conspiración había que cumplir ciertos requisitos. El más importante de todos era que la obra de todos los artistas del grupo fuera portátil, es decir, que se pudiera trasladar fácilmente en un maletín. También se requería poseer ciertos rasgos de sexualidad extrema (expresión claramente dadaísta), funcionar como una perfecta máquina soltera, no tener grandes propósitos, tener una tensa convivencia con tu doble y hacer gala de un nomadismo infatigable.
La premisa de realizar obras potencialmente portátiles va directamente contra el anquilosamiento del arte, contra lo estático. Marcel Duchamp fue el primero en poner en tela de juicio el propio concepto de Arte; desde su más remoto interior hasta el del espectador. Fue un visionario de los formatos, se adelantó muchas décadas a la era que estamos viviendo actualmente, al la del boom de la información, a la de los procesadores y los microchips. Con su sorna habitual sorprendió al mundo con su Boîte-en-valise, una maleta que contenía la reducción de todas sus obras. Un museo andante. Una especie de disco duro portátil, de USB, de memoria virtual. Lo que conceptualmente nos aportó el genial francés son cosas que a día de hoy damos por asumidas. Por ejemplo que un artista pueda guardar toda su obra en un espacio físico menor al de una moneda.
Uno de los productos de esa revolución tecnológica directamente relacionada con la sociedad de la información en que vivimos son los blogs. Los blogs son cuadernos de bitácora virtuales que otorgan a sus administradores la posibilidad de utilizarlos como su propia Boîte-en-valise, su caja maletín, su sala de exposiciones virtual. Textos cortos, relatos, artículos de opinión, cuentos, microrrelatos, críticas, vídeos, fotografías? Todo cabe en los blogs. Estos espacios virtuales se suelen enlazar unos con otros formando comunidades afines. Los anillos de bloggers se mueven circularmente en la inmensidad de la red, retroalimentándose constantemente en pos de nuevas aportaciones. Con herramientas informáticas como ésta, el concepto portátil de los shandys consigue traspasar lo figurado para llegar a lo literal.
Personalmente, suelo frecuentar los blogs de arte, principalmente los de cine y literatura. Cuanto más profundizo en la blogsfera, más me recuerda a la ficción creada en la novela de Vila-Matas. Lo portátil, el nomadismo, la individualidad, la escritura romántica que exhibe sus textos sin pudor, sin derechos, sin que se publiquen en otro sitio. En Blogger es posible descubrir auténticos artistas. Artistas de culto que se mueven en círculos no comerciales. Artistas de verdad. Gente que se entrega a la causa aunque la causa les maltrate. Poetas, narradores, dibujantes o directores de cine que se juntan en la red para presentar libremente su obra, para no tener que pagar por la necesidad de expresarse, para saltarse a la torera las antiguas leyes de control expresivo, las de la despótica industria.
Bajo la inventiva de Vila-Matas, las calles de Praga, la niebla de Viena, o los cafés de Montmartre servían de escondrijos al ficticio grupo shandy. Ahora, en 2008, éstos artistas se pueden encontrar en Google. Y las comunidades que forman no son ficticias. En algunas de ellas podemos encontrar unos cuantos zamoranos. A algunos, como al escritor y columnista de este diario, José Ángel Barrueco, ya los conocen. A otros, el tiempo les irá dando la posibilidad de contar lo que el sistema calla. Ellos les aguardan en sus recónditos escondrijos virtuales. Allí pueden degustar su deliciosa cerveza con limón. Fresca, muy fresca.
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2 comentarios

Comentario enviado el día 03-07-2008 a las 11:06:39
Pues es muy cierto lo que dice. La prueba es que, en nombre de todos los shandys, le felicito desde mi casa portátil.
Autor: Enrique Vila-Matas
Comentario enviado el día 03-07-2008 a las 09:17:49
Muy buen artículo. Enhorabuena!
Autor: Luis


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