BRAULIO LLAMERO.
Epica
Ha querido el azar que estos días la épica del deporte se haya rozado unos instantes con la lírica de los libros, para depresión lógica y previsible de ésta. En Santa Clara, en la plaza de Castilla y León, se podían ver dos tipos de casetas. En unas se venden libros, en la otra se han estado vendiendo entradas para el fútbol. Y eran en verdad dignas de ver las larguísimas colas de zamoranos de todas las edades dispuestos a no perderse, costara lo que costara, su presencia en el partido de fútbol que este domingo decide en el Ruta de la Plata qué equipo asciende de categoría: el Rayo Vallecano o, esperemos, el Zamora Club de Fútbol.
Lírica
En frente de la caseta que vendía las entradas para el fútbol, como digo, estaban y siguen estando las mucho menos concurridas casetas de la Feria del Libro. E imaginaba uno, cada vez que pasaba por allí, que los libreros observarían melancólicos la escena. No es que a sus libros no se haya acercado gente. Pero, claro, colocarles enfrente la pasión masiva de los deportes resultó casi humillante. No se puede poner a competir la lírica con la épica. La primera habla en singular y sólo puede atacarnos de uno en uno. La segunda habla en plural, a las masas, a todos a la vez. Ni hay ni puede haber color.