JUAN JESÚS RODERO
Ya estamos un año más en el día de la lotería, el día que abre, en realidad, las festividades y celebraciones navideñas, sobre todo, por supuesto, para aquellos que resulten hoy agraciados en el sorteo extraordinario, en el que todos, o casi todos, algo jugamos y en el que hasta los más escépticos depositan alguna secreta ilusión. Todavía es en esta fecha una estampa tan frecuente como entrañable ver a personas sentadas junto a la radio o la televisión con la lista en la mano de los números
a los que juegan, esperando pacientemente la visita de la suerte.
Sin embargo, hasta la lotería ha cambiado mucho en estos tiempos y no sólo porque los premios sean en euros y no en pesetas como antaño, sino porque toda la dinámica y la liturgia de la participación colectiva se ha hecho muy diferente con los cambios de usos y costumbres, marcados por las nuevas tecnologías. Antes, los décimos se adquirían en las administraciones de lotería y las participaciones se compraban en los comercios y en los bares conocidos, en las peñas, asociaciones, cofradías y demás, a los que se añadían esos recibos en un papel cualquiera con que obsequiaban familiares y amigos. Todo lo cual se continúa haciendo, no faltaba más, pero alternándolo con la lotería virtual, a través de internet, una modalidad que cada año cuenta con más adeptos.
Se aducen razones de comodidad y rapidez, y es cierto. También resulta un poco más caro, porque a las casas de apuestas por la red hay que pagarlas por la gestión, naturalmente. Pero las ventajas son muchas tanto para el jugador que lo hace por vocación como para el que lo hace tan sólo por si acaso, por seguir la costumbre y la tradición. Sólo se pueden comprar décimos pero con eso ya se cuenta pues igual pasa en las loterías convencionales, que además, muchas de ellas ya se han modernizado y venden por internet. El caso es que ya no se necesita pedir al amigo viajante que nos compre un décimo en Madrid, o en Barcelona, o en Valencia, porque en la red se encuentra lotería de todas las provincias. Y hasta la administración se puede elegir: la famosa de La Bruja de Oro, o la mítica Doña Manolita, o la que se quiera. Y por supuesto, los números y las terminaciones y lo que se prefiera.
Es una curiosa forma de participar. Los billetes de lotería no se tienen en la mano, sino en la pantalla del ordenador o en la cámara de fotos del teléfono móvil. Y hoy no hay que preocuparse de los números, pues de inmediato se nos comunicará en un correo electrónico los números premiados y lo que nos ha correspondido, si es que ha tocado algo. Tampoco veremos ese premio, en el difícil caso de resultar favorecidos en el sorteo, pues el dinero pasará a la cuenta corriente o quedará como saldo en la casa de juegos y apuestas por internet, para seguir participando en otros sorteos sucesivos. Según los datos existentes, no sólo cada día hay más gente que juega así, a través de la red y que da, además, un perfil muy determinado: varón, profesional, culto, de buen poder adquisitivo, y sin tiempo para vivir el rito y la escondida emoción de salir a comprar lotería o similares.