José Luis Pécker

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RUFO GAMAZO Lo recuerdo con la insignia de Acción Católica en la solapa; fue el alumno más joven de la V promoción de la Escuela de Periodismo. (1945-47). Había realizado estudios de Derecho en Granada: pero la vocación le fijaba otras metas que alcanzó gracias fundamentalmente a su voz carismática que llenó toda una época. Una voz varonil, recia y clara, modulada con la justeza del que entiende lo que dice y sabe comunicarlo. Los técnicos publicitarios recomendaban, para asegurar la eficacia de los reclamos radiofónicos, la convincente voz de Pécker que se había hecho familiar en los hogares españoles. Habían pasado algunos años desde la dolorosa retirada del famoso locutor, y su potente voz aún sonaba en el recuerdo. Almorzamos en el puertín de Cudillero un grupo de periodistas de Turismo; Pécker pidió agua en alta voz. La camarera emocionada exclamó: ¡Es José Luis Pécker! La palabra es el instrumento tanto del escritor como del periodista y del locutor. Afortunado en el triple oficio, Pécker amó la palabra con el afán perfeccionista del artesano que se esmera en lograr la obra bien hecha. Maestro en la propiedad del lenguaje, en la sintaxis y la prosodia, en el bien pensar y en el biendecir; experto en la técnica de la información a pie de la noticia, de la crónica de urgencia, del reportaje, de la entrevista: ¿qué tiene de extraño que se lo considere uno de los grandes profesionales del siglo XX? El Premio Ondas es buena prueba del reconocimiento de sus compañeros.
Se ha recordado, en algún articulo necrológico, la portentosa facultad de Pécker para repentizar sobre la marcha; la verdad es que nunca improvisó temeriamente "ex nihilo"; se apoyaba en la seguridad de su vasta cultura. Lector curioso infatigable, después de la jubilación se pasaba "las noches de claro en claro", leyendo con calma, rumiando hallazgos literarios, subrayando líneas, anotando márgenes, resumiendo páginas. Con el tiempo logró reunir una nutrida biblioteca en la que ocupan amplios espacios los libros de tema madrileño, adquiridos en frecuentes peregrinajes por las tiendas de libros antiguos. Los libreros solían reservarle algunas de las "piezas raras" que había entrado en el establecimiento. Rara vez discutían los precios ya que José Luis no era considerado ave de paso y conocía muy bien el paño. También los anticuarios lo trataban como cliente distinguido. En cierta ocasión me dio por entrar en una casa de antigüedades en Zamora; llamaron mi atención unos relicarios; pregunté los precios; a Pécker le van a parecer muy altos, el anticuario me informó que para don José Luis los precios eran otros.
Al jubilarse, Pécker pudo satisfacer su pasión por conocer el mundo entero. Y tomando notas visitó pueblos, contempló paisajes, recorrió museos, conoció gentes. En los viajes de la Federación de Escritores y Periodistas de Turismo, patroneados por el zamorano Jesús Vasallo, era muy frecuente que Pécker nos sorprendiera con apostillas puntuales a las explicaciones del guía; a veces, descubría en un cuadro o en una imagen detalles que nadie había observado. En los últimos años escribió preferentemente sobre temas turísticos con tanto acierto que le fue concedido el Premio Nacional de Turismo Valle Inclán. Ocurre que la inmensa fama de Pécker como profesional de la Radio y de la Televisión ha dejado en no tan algo lugar otras actividades profesionales desarrolladas con entusiasta dedicación y excelentes resultados. Por ejemplo, merece ser recordada su etapa de informador municipal; él fue quien, en una larga entrevista publicada en "Villa de Madrid", hizo la pregunta oportuna a la que Tierno Galván contestó que el pueblo sabe muy bien que las promesas electorales se hacen para no cumplirlas. Puedo afirmar que la pregunta, como todas las de la entrevista, la había preparado a conciencia.
En el aspecto político fue un español esencial, conocía las entretelas y la Historia de España y se emocionaba con facilidad al evocar determinados episodios. No solía faltar a las celebraciones de los viejos legionarios, de los alarbaderos o de la Guardia Civil. Tantos años de una amistad atada en octubre de 1945 hacen que los recuerdos se agolpen y pugnen por entrar en el ordenador. Una familia llora a su gran patriarca; su esposa Matilde,
la fuerte mujer ensalzada en versículos bíblicos; y la hermosa pléyade de ocho hijos
y veintiún nietos. Bien podría ser propuesta como modelo en la concentración de familias que tendrá lugar en Madrid próximo día 30.

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