FRANCISCO GARCÍA
Yo no retaría a un duelo al diputado socialista Jesús Cuadrado: sería hombre muerto. La carrera de su señoría está llena de cadáveres que crían malvas políticas en cementerios de Zamora. Ni Demetrio, ni Petisco, ni García Guerra, ni ahora Pepe Fernández debieron cruzar el Mississippi mientras Cuadrado atravesaba su particular Rubicón, que es río largo de inabarcable travesía. Pueden silbar balas en el PSOE que al de Castroverde ni le rozan: siempre hay otro cerca que se come la ración de plomo. Todo cambia, nada permanece, dijo Heráclito. Salvo Cuadrado, que dura y dura como las pilas del conejito de la cena pascual de Zapatero. Cierto es que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río, que el agua fluye y pasa; salvo Cuadrado, que no se moja ni cuando se ducha. Y como es el más rápido en desenfundar, el Oeste es suyo.